Vuelve, Olvido – Microrrelato

Vuelve, Olvido – Microrrelato

microrrelato
Olvido, ¿por qué te has ido? Vuelve con este, tu mejor amante porque sin ti no puedo morir en paz. Sin ti, Olvido, tengo miedo del ogro de antaño llamado Abuso, la mano de hierro de mi padre me vuelve a golpear sin descanso y mi sangre mana a borbotones de manera descontrolada. Sin ti, mi viejo amigo Horror vuelve a visitarme, en una mano lleva un saco del que rebosan los gritos de desesperación pidiendo clemencia en el frente rojo a orillas del río Ebro. Con tu ausencia se levantan los muertos de la guerra. Mis hermanos de sangre Dolor y Tortura han venido a por mí, por tu ausencia, Olvido. Me martirizan de nuevo muchas pérdidas de amigos y compañeros. Creía que lo nuestro era para el resto de los días, nuestro amor así lo prometía. Noches intensas a tu lado, haciéndome el amor como nunca nadie lo había hecho. Desnudándome con frenesí y acariciando cada centímetro de mi piel, poseyéndome hasta hacerme llegar, en cada ocasión, a lugares inimaginables. Vuelve y bésame, Olvido, bésame hasta hacerme perder la consciencia y levitar alcanzando ese lugar donde el pasado no tiene espacio. Sin ti, Olvido, el olor a pólvora penetra de nuevo por mis fosas nasales. Siento los latidos de mi corazón en el dedo índice al oprimir el gatillo de mi revólver una, dos, tres veces PUM PUM PUM, descerrajando balas de plomo, esparciendo la masa encefálica de aquel que sesgó la vida de mi mujer y mi hija. Sin ti, Olvido, tu ausencia vuelve a llenarse con la presencia de mis amadas que perdieron la vida de manera prematura a manos de un asesino violador al que creía postergado en lo más recóndito de ti, Olvido. Aquí me tienes, amada, sentado en una butaca a mis 87 años de edad en la Residencia Los Olvidados echándote de menos. Miro mi mano derecha y veo en la muñeca una pulsera con la inscripción: ALZHEIMER. Ahora, aquí sin ti, Olvido, cierro los ojos y recuerdo el origen de cada una de las cicatrices que alberga mi viejo y despellejado cuerpo. Las siento. Las sufro. Las padezco. Las vuelvo a llorar. Regresa y apiádate de un hombre ajusticiado por el demonio del infortunio. Hicimos un pacto: te vendí mi alma a cambio de tu llegada, y ahora me dejas abandonado y perdido entre la densa bruma de mis tormentos. ¿Por qué me haces esto, Olvido? Vuelve a mí y déjame morir en paz.
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