Todos estábamos vivos – Enrique Llamas

todos estábamos vivosHasta ahora, cuando oía hablar de la Movida Madrileña, lo que me venía a la cabeza era arte del bueno. Jóvenes que experimentaban distintas facetas artísticas haciendo uso de su recién estrenada libertad: grupos musicales, directores de cine, pintores, modistos… Pero ya no pienso solo eso: Enrique Llamas (Zamora, 1989) nos muestra la otra cara de esos años convulsos en su segunda obra Todos estábamos vivos. Un homenaje desgarrador a tantos y tantos jóvenes que se quedaron por el camino, atropellados por el caballo y otras sustancias sobre las que nadie les había avisado.

Amanece en Malasaña

Madrid, 10 de febrero de 1980. Tras la noche del concierto que fue considerado el pistoletazo de salida de la conocida como Movida Madrileña, nada volverá a ser igual para un grupo de amigos. A partir de ese día tendrán que aprender a convivir con las despedidas. Con los velatorios. Con los entierros. Uno de ellos no volverá a transitar por las calles llenas de vida de la capital, no volverá a dejarse llevar por la música que se podía escuchar en los locales de moda.

Adela, Aldo, Ric y Siberia son un grupo de amigos que se enfrentan a esa época en la que las drogas pasaban de mano en mano con total desenfado; el sexo se practicaba de manera desmedida y sin seguridad; y compartir la jeringuilla era el pan de cada día. Eran jóvenes, estaban vivos y les gustaba disfrutar de esa emancipación.

Un viaje en sentido inverso

A partir de esa muerte, Enrique Llamas nos llevará hacia atrás en el tiempo. Iremos conociendo a estos muchachos, cuáles eran sus inquietudes, sus miedos, sus ilusiones. No será hasta el final de este recorrido inverso cuando todas las piezas encajen, cuando todo cobre sentido.

La historia que nos ofrece el autor zamorano es impactante en cuanto a su argumento. Pero será su forma de contarla la que nos dejará noqueados, la que nos hará sentir cada pinchazo de los chutes que alejarán a nuestros protagonistas de sus sueños. Y es que su capacidad de transmitir cada momento vivido, cada situación, está descrito de forma magistral. Llamas nos transporta a esos portales que huelen a sudor, a alcohol, a orín… Porque es allí donde la verdadera Movida tenía lugar, allí donde los jóvenes iban diciendo adiós a sus almas por disfrutar de un viaje que les llevará a tocar el cielo durante unos minutos.

Pero todavía era enero de 1980, y nosotros unos niños que jugábamos en un patio de recreo donde las cuerdas de los columpios estaban a punto de quebrarse, donde los sube y baja se desencajaban de su eje, donde los toboganes acababan en un pozo cavado por las manos de todos.

Segundo trabajo

He leído muchas veces que los escritores cuya primera obra tiene éxito y/o buenas críticas, se sienten presionados al enfrentarse a la segunda. Desconozco si ha sido este el caso de Enrique Llamas, pero sí puedo decir que ha salido del paso, no solo airoso, sino con una nota excelente.  A pesar de que no puedo opinar sobre Los Caín, su primera novela, con la que recibió muchas alabanzas, sí puedo asegurar que Todos estábamos vivos es un novela brillante, de las que no se olvidan, de las que emocionan y te zarandean por dentro. Imposible salir indemne de este derroche de talento y buen hacer.

No soy una lectora muy dada a señalar citas o párrafos, pero en esta ocasión tengo que hacer una mención especial a toda la parte que viene en cursiva en el libro. Son frases soberbias que resumen el sentir de quienes vivieron en aquella época y la sobrevivieron, aunque una parte de ellos se quedara por el camino.

 

Marta Pérez

Título: Todos estábamos vivos
Autor: Enrique Llamas
Editorial: AdN Alianza de Novelas
Páginas: 278
Fecha de publicación: septiembre 2020

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