Vidas en singular

la ciudad solitaria

Las estadísticas muestran que cada vez más gente opta por vivir sola. Se les conoce como las «vidas en singular». Por supuesto, hay personas que no lo desean, pero las cifras nos dicen que esta opción ha pasado de ser una excepción a ser más una regla.

«No tengo miedo a la soledad. La gente es infinítamente más peligrosa». —H. P. Lovecraft.

Hace años la soledad se consideraba un estigma y símbolo de infelicidad; curiosamente, algunos diccionarios la definen como “el estado del que se ve privado de la compañía de otros”, aunque cierto estado pueda alcanzar su momento álgido en medio de la multitud.

Por supuesto, la crisis económica y la reciente pandemia han hecho que sea más difícil el independizarse, pero si atendemos a las cifras, los hogares unipersonales han aumentado casi un 50% en los últimos 15 años. Vivir solo no significa elegir la soledad, pues casi nada en este mundo es permanente. El sentido de la pareja ha cambiado, aunque sigamos escuchando las frases “¿cuándo vas a tener hijos?, ¿no vas a casarte y formar una familia?” o el clásico “se te va a pasar el arroz”. Tener novia o novio, hijos o casarse ya no es indispensable o imprescindible; se puede tener pareja, pero no querer convivir con ella y así disponer de tu propio espacio e intimidad. No tenemos por qué haber pasado por una separación o un divorcio para tomar esta opción, aunque no hay nada como haber sufrido este tipo de ruptura para conocernos mejor y saber lo que realmente queremos. Vivir solo es un aprendizaje continuo.

Las redes sociales también han contribuido a este modo de vida. Tener compañía, incluso la sexual, es mucho más sencillo. Podemos sentirnos más cerca de los nuestros mediante videollamadas (durante el confinamiento, hubo nietos que vieron más a sus abuelos que antes del mismo), si bien en el pasado nos limitábamos a hacer una llamada de teléfono cuando vivíamos lejos de ellos. Pero también el cambio de estatus social de la mujer ha tenido mucho que ver.

“Me produce un gran placer estar sola… elimino el dolor que me produce la gente. Quizás sea el placer más fuerte que conozco”. Virginia Woolf

En La ciudad solitaria, Olivia Laing nos cuenta cómo se enfrentó a la soledad en una ciudad como Nueva York, y de cómo la cultura y el estudio de la vida de artistas solitarios como Edward Hopper, Andy Warhol o David Wojnarowicz, le enseñó que vivir en soledad no significa que uno haya fracasado, sino sencillamente que uno está vivo.

Lo que está claro es que cada uno la vive a su modo, al igual que el amor, la familia, la amistad o la política. Vivir solo no es mejor ni peor que hacerlo acompañado, a lo mejor el secreto es saber compartir la vida con todos.

Román Romeral

 

 

 

 

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