Roberto Domínguez Moro: “Escribir era para mí una manera de espantar mi propio miedo”

Roberto Domínguez Moro
Roberto Domínguez Moro / Fuente: Maeva Ediciones


Roberto Domínguez Moro
es un valiente. Ha sido el primero en aplicar una capa de ficción al confinamiento, al estado de alarma o, en definitiva, a la actualidad distópica en la que nos hemos sumergido recientemente. El resultado final se titula El confinado, una obra que apuesta por aquello que todavía no nos han contado, que nos permite respirar un aire que no está contaminado. 

Negra y Mortal. ¿Cómo surgió la idea de escribir El confinado?

Roberto Domínguez Moro. Tengo la rutina de escribir cuando puedo, sobre todo cuando estoy solo. Durante los primeros días del confinamiento mi pareja (médico) pasaba gran parte del tiempo trabajando, y escribir era para mí una manera de espantar mi propio miedo y de mantener la mente ocupada a pesar de lo que estaba pasando. La historia fue saliendo sola cuando me di cuenta de que no era capaz de escribir sobre otra cosa que no fuera el propio encierro.

NyM. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empezó a escribir hasta la publicación?

R.D.M. Un mes y pocos días. Comencé alrededor del 14 de marzo y el libro se publicó el 24 de abril.

NyM. La historia sucede en un lugar céntrico de la capital. ¿Por qué escogió Madrid en vez de un pueblo aislado?

R.D.M. Es el entorno en el que me desenvuelvo y el que propicia que el protagonista tenga contacto cercano con personas a las que no conoce, como suele ocurrir en las grandes ciudades. En un pueblo aislado pero con habitantes, se cumple aquello de que “todo el mundo se conoce”, y la narración demandaba otro tipo de relación entre el protagonista y su alrededor.

NyM. ¿Le ha sido difícil concentrarse sin poder salir de vez en cuando?

R.D.M. La verdad es que no. Al contrario: llegó un momento en el que estaba tan metido en la escritura que se me hacía difícil concentrarme en otras tareas.

NyM. ¿Qué es lo que más ha echado de menos durante estos días?

R.D.M. Los abrazos de amigos y familiares, y poder desplazarme para verlos.

NyM. ¿En quién se ha inspirado para dar vida al protagonista?

R.D.M. En nadie en concreto. He tomado rasgos aquí y allá, algunos elementos de mi propia experiencia o de amigos cercanos. El protagonista se parece bastante a mí mismo en cuanto a sus raíces: viene de una ciudad pequeña, donde el bullicio y las aglomeraciones de Madrid asustan, pero luego en su comportamiento no se parece a nadie que conozca.

NyM. Usted trabaja en una agencia literaria. ¿Vienen tiempos muy difíciles?

R.D.M. Sí. El frenazo en la venta de libros es innegable, a pesar de que se haya potenciado la venta de libro digital. Las librerías ya notan el agujero y las editoriales están sufriendo por tener libros ya contratados y programados que no pueden ver la luz. Las novedades previstas para estos meses han quedado postergadas y eso creará un “tapón” que hará que la cadena del libro se resienta. Menos contrataciones de libros significan menos correcciones, menos traducciones, menos eventos. Es momento de darse cuenta de todo lo que hace que un libro llegue a nuestras manos, valorarlo y ayudar para que se mantenga.

NyM. ¿Cómo era su día a día antes de que se decretara el estado de alarma?

R.D.M. Nada fuera de lo corriente. Trabajo de oficina los días de diario y tiempo para desconectar y para estar con amigos los fines de semana. Paso leyendo o escribiendo gran parte del tiempo que no paso trabajando, pero también me encanta salir a correr o cocinar.

NyM. ¿Cree que seguiremos actuando igual tras todo lo ocurrido?

R.D.M. Espero que podamos valorar más algunas pequeñas cosas que muchas veces pasan desapercibidas, como poder abrazar a la gente que queremos o salir a dar un paseo un día soleado. Me gustaría pensar que vamos a ser un poco más atentos con quien nos atiende, por ejemplo, en el supermercado, y que vamos a valorar más la sanidad pública.

NyM. En la novela se expone, por ejemplo, el alarmismo masivo y el acopio de alimentos. ¿Qué piensa al respecto?

R.D.M. He tratado de llevar al extremo el comportamiento del personaje en ese sentido, en parte, para que se viera lo ridículo que puede llegar a ser. Ese tipo de comportamiento no nos lleva a ningún lado y, por fortuna, me parece que se ha limitado a casos puntuales.

NyM. ¿Qué obras ha leído que puedan enseñarnos a entender el presente?

R.D.M. Creo que lo fundamental es que nos demos cuenta de que esto puede volver a ocurrir y que puede ser peor. Hay dos obras para mí básicas que plantean un futuro sin Humanidad, como La tierra permanece, de George R. Stewart, y El mundo sin nosotros, de Alan Weisman, y que pueden servir de llamada de atención. Y entre lo que se ha publicado más recientemente, El planeta inhóspito, de David Wallace-Wells hace una panorámica de lo cerca que estamos de aniquilarnos a nosotros mismos. Por supuesto, me parece interesante plantear qué pasará con las relaciones sociales y con los poderes políticos después de esto, pero lo más básico es comprender que, si no mejora nuestra relación con el planeta, nada de eso importará en el largo plazo.

NyM. Suele escribir reseñas y poesía, pero ¿seguirá escribiendo novelas?

R.D.M. Continuaré con las reseñas, pero cada vez me resulta más difícil hacer poesía. Ya había publicado otra novela de intriga (con seudónimo) hace poco, así que creo que el giro hacia la ficción es definitivo.


Roser Ribas

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