Prohibido fijar cárteles – Paco Gómez Escribano

Prohibido fijar cárteles – Paco Gómez Escribano

prohibido fijar cárteles

Paco Gómez Escribano (Madrid, 1966) lo vuelve a hacer, una vez más, llevarnos a su barrio y mostrarnos la cruel y anónima vida de unos personajes icónicos en ‘Prohibido fijar cárteles’. Estilo quinqui y mangui en vena.

TÚ PIDE NARIZ PA’TI

Juzgar al otro debería ser deporte nacional, también decir lo que está, o no está, bien hecho, y lo que hemos de hacer y cómo ser. Realmente nuestra vida se concibe con nuestros propios actos y decisiones, por lo que la regla suprema debería ser: “Vive y deja vivir”, o como diría mi viejo: “tú pide nariz pa’ti y no pidas orejas pa’nadie”.
El miedo propio es ver el fracaso del ajeno, por eso huimos de él, por temor, pero la desdicha que rodea al desgraciado es tan respetable como la dicha que buscamos o poseemos.

Al igual que a las personas mayores, nunca hemos de dejar de escuchar a la gente que conoce de dónde viene, gente que respeta y por ello se le respeta. El conocimiento, y la edad, dotan de paciencia y buen hacer; vale, también las hostias que has recibido en la vida.
Paco Gómez Escribano nos da una de esas, una buena hostia, para que pongamos nuestra atención en la jodida vida del «Lejía», el «Tijeras», el «Pipo», el «Chino», y compañía.

Leyendo a George Pelecanos en ‘El hombre que volvió a la ciudad’, me encuentro con este diálogo en un club de lectura carcelario:

«-…la verdad es que hay muchas personas del mundo académico que no valoran su obra. La consideran demasiado obvia y simplista.
– Quieres decir que la gente podía entenderla sin el menor problema.
– Pues sí. Era lo que se llama un autor populista. Escribía libros que podían ser leídos y apreciados por las personas sobre las que escribía.
– Este libro es profundo – dijo el que hablaba con suavidad.
– En serio – corroboró Donnell -, es el mejor libro que nos has traído nunca.
– Gracias, señorita Anna.
– De nada – contestó ella.»

 

EL BARRIO NO SE TOCA

En el barrio sobreviven, pocos ya, los integrantes de una joven generación de infortunados dejados de la mano de los vicios. El que aún se tiene en pie, lo hace balanceándose ya sea debido a los efectos de las drogas o del alcohol.

En el Candil, el bar del «Chino», el palo corto de la L que forma la barra tiene inquilinos: los tormentos y paranoias del «Tijeras» y compañía. El piojoso bar del «Chino», un restaurador que pasa las horas sacando brillo a los vasos con un mugriento trapo, se convierte en el epicentro de esta novela mezquina abarrotada de estereotipos de baja índole.
Protagonistas con cirrosis, Hepatitis C, exlegionarios, y alcohólicos hasta echar el cierre, día tras día. Los años no pasan en balde y sus vidas se han convertido en un cementerio de elefantes.

¿Qué o quién puede agitar el gallinero? En este caso una banda mafiosa de rumanos que se dedica a prestar dinero a los vecinos del barrio obligando, bajo violentas amenazas, a la devolución de lo fiado, aunque con un incremento indecente de los intereses.
El «Ruso», capo de la mafia, ha pinchado en hueso, el barrio no se toca y lo vamos a vivir en nuestras propias carnes (hígados incluidos). En Canillejas está ‘Prohibido fijar cárteles’, y no precisamente publicitarios.

La novela está narrada en primera persona en la voz del «Tijeras», con un ritmo (en mi opinión) in crescendo tanto en velocidad como en intensidad. Un hardboiled que por (grandes) momentos hurga en lo más hondo de nosotros, allí donde perdemos el control y no queda otra que exponernos al sórdido énfasis del escritor.

EL ADN DE PACO

La prosa de Paco Gómez Escribano es tal cual la persona, su habilidad y talento se plasman sin esfuerzo (aparente) ya que el madrileño refleja la vida de su barrio con toda la naturalidad. Sus obras son novelas de ficción, pero no sé yo hasta qué punto lo son.
Yonkis, manguis, quinquis, borrachos que se beben hasta el jodido vino para cocinar, esos tetrabriks que según para quién pueden ser agua de rosas.

El canillejero es un artista en esto de escribir, si lo conoces en persona te das cuenta que tiene cuerda para rato, novelas e historias para no dormir… o eso creo recordar, porque finalizada aquella noche de agosto (cuando le conocí) me costó lo mío atinar para abrir mi coche, no sé cómo cojones no me desparramé por el camino. No fue culpa ni de las yonkilatas ni del DYC, sería culpa del balcó del patí de ponent cubellenc y de su morapio.

‘Prohibido fijar cárteles’ es más de la misma mierda de Paco, por eso es una obligación leerla, siempre.

 

Paco Atero

Título: Prohibido fijar cárteles
Autor: Paco Gómez Escribano
Editorial: Editorial Milenio
Páginas: 170
Publicación: mayo 2019

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