Por último, el corazón – Margaret Atwood

Por último el corazónEn Las Vegas, Nevada, una caja de pino forrada de volantes transporta a un ser humano vivo disfrazado de Elvis Presley para su posterior venta como robot sexual. ¿Cómo ha llegado el bueno de Stan a ser el protagonista de esta escena? La prestigiosa Margaret Atwood (Otawa, 1939) lo narra en ‘Por último, el corazón’, una novela dramática que te avisa desde la primera página de los posibles efectos secundarios: los ataques al corazón no son responsabilidad de la autora.

LA CRISIS

Stan y Charmaine hace meses que viven en un coche. Primero se quedaron sin trabajo, después sin dinero y, por el camino, lograron perder la dignidad sin mucho esfuerzo. Comen en el coche, duermen en el coche, y… hacen todo lo que pueden en el coche, bajo el paraguas de las lindas viejecitas que pasean durante el día, y con la mirada atenta de los ladrones que acechan por la noche.

Stan y Charmaine no son felices aunque se tengan el uno al otro. Víctimas de la debacle económica, malviven gracias a los escasos ingresos que ella consigue en un bar de carretera. Pero una mañana su suerte cambia cuando miran distraídamente un anuncio donde se busca a gente para formar parte del Proyecto Positrón… ¿Proyecto… qué?

‘CONSILIENCIA’ Y LAS INYECCIONES DE COLORES

Ed X necesita sujetos para experimentar. Su retorcida mente ha creado una ciudad que intentará abastecerse económicamente de la explotación laboral (y psíquica) de las personas vulnerables y desatendidas que decidan formar parte del equipo. Sin embargo, esta gente (que está viviendo en unas condiciones tan lamentables como deprimentes) no saben que, aceptando las proposiciones de una vida saludable, armoniosa y ridícula, están vendiendo su alma a un diablo disfrazado con traje y corbata.

La vida en Consiliencia se administrará de la siguiente manera: los habitantes se dividirán en grupos y deberán alternar su modus vivendi cada treinta días: mientras el cincuenta por ciento de la población se recluye en la Penitenciaria de Positrón, el otro cincuenta se dedica a vivir como la clase media, disfrutando de todas las comodidades que les son negadas en la cárcel. Pasado el mes, las familias se intercambian: los libres entran en prisión y los encarcelados se instalan en las viviendas que comparten con otra familia, haciendo uso común de todos los enseres y espacios que han abandonado durante los treinta días de encierro.

Parece atractivo, incluso idílico, como si fuera una aventura de los benditos scouts pero, a medida que transcurre el tiempo, empiezan a surgir dudas… ¿Cómo se financia la ciudad? ¿Dónde van los cuerpos que Charmaine se dedica a eutanasiar? ¿Existe el tráfico órganos? ¿Hay sexo cibernético? La población está sometida a un sistema de vigilancia que los controla 24 horas, 7 días a la semana, como un Gran Hermano a lo bestia que ha instalado micrófonos y monitores por cada esquina de la vida privada de sus habitantes. A la mínima metedura de pata, las inyecciones de colores hacen desaparecer al más inteligente, al más espabilado, al “cuñado” de turno que, con sus preguntas, desestabiliza al resto de vecinos.

Abrumador, ¿no? Pues esto es solo el principio de una distopía que roza lo fantástico y lo real a partes iguales. Como en todas las cosas que parecen buenas pero que después se declaran malas (o malísimas), lo difícil no es entrar, sino salir…

FENÓMENO ACTUAL

Margaret Awood es la hostia (sin perdón). Su imaginación no tiene límites, su mente traspasa los conocimientos humanos. Es por eso que su capacidad para inventar nombres nuevos con los que denominar conductas, habitáculos y profesiones es asombrosa. Ella está dotada para crear una burbuja a través de sus historias y empujar al lector a vivirla desde dentro, sufriendo con sus personajes y alertándoles (yo hablo mucho con ellos) sobre los peligros que corren.

Desde que ‘El cuento de la criada’ la posicionó en el panorama literario mundial como una de las mejores escritoras contemporáneas, sus éxitos se han ido comercializando a gran escala. Sus histriónicas historias no se pueden leer en otro sitio salvo en sus libros, directos a la vena. Y la paranoia crea una adicción tan grande que, si existiera un antídoto para desengancharse, yo me haría rica trapicheando con él. Igual que el Ed X, olvidando por completo el corazón.

Lara Adell

Título original: The Heart Goes Last
Título: Por último, el corazón
Autora: Margaret Atwood
Traducción: Laura Fernández Nogales
Editorial: Ediciones Salamandra
Fecha de la publicación: noviembre 2016
Número de páginas: 412

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