El último barco – Domingo Villar

El último barco – Domingo Villar

el ultimo barcoDomingo Villar (Vigo, 1.971) vuelve a la carga con un nuevo caso del inspector Leo Caldas. Con él, cruzaremos las rías gallegas con un cigarro perenne entre los labios y buscaremos respuestas a la desaparición de la joven Mónica Andrade. Daos prisa, ‘El último barco’ zarpa y no puedes perder tu billete.

Siempre es un placer leer a Domingo Villar. Con su primera novela, Ojos de agua (Siruela, 2.006), nos presentó al personaje principal que lo acompañaría en su carrera literaria: Leo Caldas. Con unos rasgos muy característicos, este inspector de policía asentado en Vigo trabaja a destajo con sus fieles compañeros, Rafael Estévez y Clara Barcia, además de colaborar en el programa radiofónico “Patrulla en las ondas”. Su personalidad amable y paciente le hace mantener la calma cada vez que los oyentes lo increpan por la calle. Para gustos, colores.

Uno años después, el escritor quiso ampliar los detalles que caracterizan al protagonista en la segunda entrega de la saga, La playa de los ahogados (Siruela, 2.009) y ahí nos acabó de convencer que no hay que ser un salvaje desalmado para estar al frente de una comisaria y resolver los casos con diligencia y mano firme. En esta entrega, conocimos un Leo Caldas unido estrechamente a su padre, separado de su mujer Alba y aquejado de un mal mayor, la soledad. Diez años han pasado hasta que el escritor nos ha deleitado con su último libro, publicado nuevamente por la editorial Siruela, con un total de 707 páginas. Que no os asuste el tocho, la desaparición de Mónica Andrade no se podría haber contado de otra manera.

El doctor Victor Andrade se presenta en la comisaría con el firme propósito de que investiguen la desaparición de su hija Mónica. Según los escasos datos que aporta el doctor, su hija no fue a trabajar el viernes y no responde a sus insistentes llamadas, pero estas pruebas no son suficientes para activar el protocolo de personas desaparecidas porque, tratándose de una persona adulta, ha podido abandonar el domicilio por voluntad propia. No obstante, la privilegiada posición del doctor hará intervenir al comisario Soto y acelerar los trámites para que la policía busque su rastro sin levantar demasiadas sospechas en el pueblo. Todas las hipótesis están abiertas hasta que deciden entrar en casa de la profesora de bellas artes e inspeccionarla a fondo. Tras confirmar que varios vecinos la vieron salir con una mochila, que su gato tiene agua y comida, y que el cepillo de dientes no está en su lugar solo hay una pista a la que aferrarse, ¿puede una mujer abandonar su hogar dejándose las pastillas anticonceptivas a mitad del ciclo?

Durante todo el libro, Domingo Villar consigue que la trama no decaiga gracias a la destreza de involucrar poco a poco a personajes nuevos que consiguen desestabilizar la opinión que se va creando el lector a lo largo del libro. La mala relación de Mónica Andrade con su padre genera un sinfín de dudas, pero no es el único personaje que causa este efecto. Su íntimo amigo, el fotógrafo inglés Walter Cope, desapareció los primeros días de la investigación.

Varios son los compañeros de trabajo que están sobre el punto de mira de Leo Caldas, incluso el vagabundo licenciado en latín que vive en las puertas del instituto de Bellas Artes tiene su momento de gloria. Pero si hay un personaje peculiar dentro de la historia es, sin lugar a dudas, Camilo Cruz. Sobre él recaerán todas las sospechas pese a que el inspector confía plenamente en su inocencia. Tras comprobar que este joven sufre una parálisis en el habla intentan comunicarse con él por otros medios y, es que, Camilo tiene un talento innoble para dibujar todo lo que su memoria fotográfica ha captado en tan solo unos segundos.

La predisposición de la jueza Flores marcará un antes y un después en la resolución del caso, pues sin la autorización que necesitan para poder acceder al teléfono móvil de Mónica Andrade, los investigadores no saben qué pasó en las horas previas a su desaparición. Aún así, las preguntas surgen ha medida que nos acercamos al desenlace de la historia ¿Que vínculo la une con el inspector portugués Vasconcelos? ¿Qué miedos se esconden detrás de la parálisis que sufrió la profesora horas antes de desaparecer?

Los días pasan y en las primeras horas de investigación la policía ha perdido una ingente cantidad de pruebas que podrían haberlos conducido hacia el lugar donde se encuentra la desaparecida. La presión mediática aumenta y, desgraciadamente, está jugando en su contra. ¿Es posible que un libro mantenga el suspense en cada capítulo de una forma constante sin que los que estamos a la otra parte de la historia suframos una parada cardíaca? Querido lector, cuando te lo leas, y te repongas, me lo cuentas.

Caldas llegó tarde y prefirió esperar fuera, en el atrio. Se asomó sobre el murete a ver las olas que rompían en la playa. Le pareció que el día azul intenso no casaba bien con la tristeza. La ciudad lanzaba destellos en la otra orilla y, más cerca, en la roca rodeada de mar, un cormorán abría las alas, calentándose al sol. Aquella tarde no había cerca una barca con jilgueros. Solo una trianera que pasó batiendo los remos al ritmo de la voz del timonel”.

Lara Adell

Título: El último barco
Autor: Domingo Villar
Editorial: Siruela
Páginas: 707
Fecha de publicación: marzo, 2.019

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