Manuel Avilés: «Las prisiones han sido esenciales para el fin de ETA»

Manuel Avilés

Manuel Avilés /  © Foto cedida por el autor


En febrero de este 2021, la colección Sin Ficción publicaba su octavo número, De prisiones, putas y pistolas, la obra prometida de Manuel Avilés hacia su gran amigo y personaje destacado en ella, Antonio Asunción —secretario general de instituciones penitenciarias— que recoge una parte muy importante de la historia de nuestro país: la fragmentación, desde prisión, de la banda terrorista ETA.

Negra y Mortal. De prisiones, putas y pistolas transcurre a principios de los años 90, y nos habla del inicio del desmantelamiento de Euskadi Ta Askatasuna cuando se empieza a generar una brecha a raíz del asesinado de un niño de 2 años (Fabio Moreno) y la mutilación de una de 12 (Irene Villa). ¿Qué le ha impulsado a escribir esta novela y por qué ahora, después de casi 30 años?

Manuel Avilés. El compromiso que adquirí con Antonio Asunción. Cuando se estaba muriendo me dijo: «Manuel, esto tienes que escribirlo porque es la historia de España». Y eso ha sido lo que me ha empujado a hacerlo. Sino no lo habría escrito.

NyM. ¿Cómo ha sido el proceso de creación?

M. A. El proceso de creación no ha sido difícil. Lo he encomendado esencialmente a mi memoria, recordando punto por punto aquellos años. La memoria me funciona perfectamente, a diferencia del resto que me va mal todo.
Desde que grabé aquellas famosas cintas de Nanclares supe que algún día tendría que contarlo. Desde el día que salieron a la luz comenzaron a llamarme y empecé a recibir ofertas, incluso muy sustanciosas. Nunca he dicho nada ni he reconocido haber grabado aquellas conversaciones. Fue la muerte de Antonio Asunción, como cuento en el libro, la que me puso de nuevo en el disparadero. Él me dijo: tienes que escribir esto porque es historia de España, le dije que lo haría y me gusta cumplir mi palabra. Salvo las promesas de amor eterno, la he cumplido siempre.

NyM. ¿Qué tal está siendo la acogida por parte del público?

M.A. Yo estoy asombrado de la acogida que está teniendo De prisiones, putas y pistolas. Tengo diez o doce presentaciones pendientes, me han hecho entrevistas desde todos los medios y he sido invitado a muchas jornadas y ferias de novela negra —Valencia, Gijón, Cáceres, Cartagena…. Y no sé si vosotros—. Cuando lo escribí cumpliendo mi compromiso con Antonio pensé que vendería un par de docenas a amigos y familiares y… nada más lejos de la realidad. Por fuerza tengo que alegrarme del éxito y el mejor piropo que me han dicho nunca es que está bien escrito.

NyM. En esta obra nos encontramos una primera parte en la que era Jefe de Servicios en la prisión de Fontcalent (Alicante) y de ahí le llaman desde Madrid para ofrecerle un puesto como director en Nanclares de la Oca. Esa figura, la de director, ¿qué representa para usted?

M. A. He trabajado en las cárceles cuarenta años. Entré con 21 y me jubilé con 61 tal y como me propuse. Yo era funcionario de carrera, tenía mi novia, estaba acabando Derecho y vivía cómodamente. Cuando me embarqué en la dirección de Nanclares sentí cierto vértigo al principio. No conocía el País Vasco, no sabía nada de ETA salvo alguna noticia en los medios. Tuve que aprender y tuve que mantener la frialdad precisa en los momentos bien fastidiados que me tocó vivir. Me ha gustado siempre acostarme con la tranquilidad de haber ganado lo que cobraba, que me pagaban todos los ciudadanos.

NyM. ¿Prevé que, pese a todo el tiempo que ha transcurrido, pueda haber represalias tras leer el libro, tanto de personas que en aquella época ostentaban altos cargos, como de aquellas que pertenecieron a la banda terrorista?

M. A. Insisto: tengo la conciencia muy tranquila. Las posibles irregularidades han prescrito y el servicio que esas cintas magnetofónicas hicieron al país está más que demostrado. ¿Represalias? Más de un odio me he buscado antes y después. Nunca me he caracterizado por ser un tipo miedoso. Si alguien cree vulnerado su derecho en cualquier sentido hay tribunales y nos vemos en ellos cuando proceda.

NyM. ¿Cree que en su momento no se le dio la importancia suficiente a lo que ocurría dentro de las prisiones?

M. A. Lo cuento en el libro. Antonio Asunción fue un genio. Él fue el primero que dijo que las cárceles no podían ser un mero almacén de terroristas. Él dijo que las cárceles eran un elemento esencial en la lucha contra el terrorismo —mis cintas lo demostraban—, algunos se opusieron y en la novela cuento la gran bronca organizada en Madrid que acabó conmigo expulsado de aquella reunión y, al final, comiendo con Antonio en Burgos. No cuento más para no reventarla. Las prisiones han sido esenciales en el desmantelamiento de la organización terrorista.

NyM. Viendo las cosas desde la distancia y en perspectiva, ¿cambiaría algo de su actuación a día de hoy?

M. A. La edad te vuelve algo más conservador, eso es inevitable. Hoy no sé si sería capaz de aquellas cosas… yo creo que viendo la necesidad y el resultado volvería a hacerlas. Los propios etarras creo que se alegran, yo entrevisté a centenares de ellos y a todos los veía cansados y sin ver una salida al laberinto criminal y mortal —negro como vuestra asociación— en el que estaban metidos. Voy a contar algo que no he dicho aún: el otro día recibí una llamada de teléfono —nunca diré quien era y sé cómo consiguió mi número—. Me dijo —como tú— que se había reído con muchos pasajes del libro, que le había gustado y que todo lo que afirmaba era la pura verdad. Él estaba en Nanclares —en la cárcel— en aquella época.

NyM. Pese a que era reacio a contar esta historia suya y de Antonio Asunción, ¿ha merecido la pena?

M. A. Solo con la gente que se ha acercado a que le firme el libro, solo con la gente que ha ido a una librería a comprarlo y solo con entrevistas como esta, creo que ha merecido la pena de sobra.

NyM. ¿Va a seguir dándonos guerra con algún nuevo proyecto?

M. A. Quería empezar otra historia porque la pulsión de escribir es una fuerza imparable. Yo tengo mi artículo semanal en Esdiario, mi programa semanal de literatura en Onda Cero Alicante —el más antiguo y el más oído de la radio alicantina—, pero no quiero ser un abuelo aburrido que se dedique a ver telebasura. Mi agente y editor Gregori Kerrigan ya me ha pedido la continuación de esta historia. Ten en cuenta que he sido director de más centros penitenciarios después de Nanclares y he estado dedicado al terrorismo bastantes años. Hay mucho que escribir aún para seguir dándoos la paliza.

 

Alba R. Prieto

 

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