Luz de guerra – Michael Ondaatje

Luz de guerra – Michael Ondaatje

luz de guerra

La obra de Michael Ondaatge (Colombo, 1943) es reconocible por varios motivos, entre ellos su innovación en el texto y la forma de narrarlo. La última novela publicada por la editorial Alfaguara lo confirma y reúne al lector con la infancia, la adolescencia y el principio de la madurez de una forma soberbia. Pero no os entusiasméis, ‘Luz de guerra’ es la esperanza de una vida futura hecha trizas.

VOLVER A LAS TRINCHERAS

Nathaniel solo tiene diez años cuando su padre decide abandonar el hogar familiar. Las secuelas ocasionadas por su participación en la Segunda Guerra Mundial lo convierten en una víctima desequilibrada de su propia mente y las facturas que tiene que pagar por arrastrar el titulo de héroe son tan costosas que le han quebrado su voluntad, ya magullada de por sí. Con mil excusas dentro de la maleta, decide viajar a Singapur para recuperarse,  establecerse y buscar trabajo antes de que lo acompañe el resto de la familia, sin embargo, este arranque de responsabilidad familiar tiene más de huida que de amor desproporcionado.

La misma noche, (que parece que se avecina tormentosa), y en la misma triste y lenta conversación, la madre les explica a él y a su hermana Rachel, dos años mayor, que no tardará mucho en reunirse con su marido para poder adelantar los trámites necesarios hasta que puedan reencontrarse de nuevo (supuestamente todos juntos, aunque la señora no lo deja muy claro) lejos de la ciudad donde están actualmente. Su ciudad. La única que conocen.

El desconcierto ante la adversidad aumenta cuando los padres les exponen que, durante la espera, ambos hermanos convivirán con el vecino de arriba que se trasladará a vivir a su casa. “¿El Polilla?” preguntan al unísono. “El Polilla” confirman sus padres. Es hora de remangarse y volver a las trincheras, ficticias, sí, pero trincheras al fin y al cabo.

BIENVENIDOS A LA MADUREZ

En la guerra familiar, es importante asumir rápido los errores de ambos bandos. Mientras que las mochilas de los hijos parece que se llenan de los fallos cometidos por la adorable imprudencia de la juventud, en la conciencia de los padres resbalan sus propias faltas por el simple hecho de ser los progenitores.

Pero, ¿cuáles son los sentimientos de un niño que confía plenamente en sus padres y se siente traicionado por ellos? ¿Qué responsabilidad tiene una persona que, haciendo uso de su madurez, decide ocasionar daños irreparables a un ser vulnerable?

Nathaniel desconoce los motivos de la ruptura familiar y nadie se ha encargado de que su mente, en el primer curso de desarrollo, los entienda. Así que se ve en la necesidad de confiar en una persona desconocida que se ha instalado en su casa tras el abandono precipitado de la matriarca (acordaros de lo que os voy a decir, porque espero que después de leer la reseña busquéis el libro: la primera vez que aparece en escena el baúl de la madre no tiene precio. Pero la segunda… la segunda es para tirar cohetes multicolores).

 CRECER MAL Y RÁPIDO

Entre las muchas cosas que me gustan de editorial Alfaguara, se encuentra el increíble acierto que tiene, el 99.9% de las veces, con sus portadas. En este caso, el atino se multiplica cuando accedes al contenido que te está invitando a leer con esa mirada nítida e infantil rodeada de un contexto desenfocado que carece de color.

Reconocemos la inocencia por unas significativas pecas, características de cualquier niño que se ha criado bajo el sol de la calle. Un tímido  mechón de pelo y un ojo vulnerable que no sabemos de qué color es, pero que, inmediatamente, adjudicamos al protagonista de esta historia.

La mirada de la curiosidad, interrogando al futuro con su potencia. ¿Nos está observando Nathaniel a través de sus dedos? ¿O es una rama la que separa al lector de su historia? Poco importan estos detalles. Ninguno de ellos va a evitar que crezca nuestra impotencia a medida que conocemos el proceso de madurez de un niño de once años en un ambiente viciado, codicioso y pobre, propio de la posguerra y de los adultos que se alimentan de las desgracias ajenas.

LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA

Los misterios que cada uno guardamos en nuestra mente son lugares inaccesibles, incluso (y muchas veces) para los propios propietarios. Aunque la vida nos sorprenda a diario, somos conscientes de que nunca volveremos a vivir los años pasados como si fueran nuevos, y muy probablemente tampoco estaremos rodeados de la misma intensidad que provocan las primeras experiencias. Nadie nos asegura que, aunque hayamos tropezado dos veces en la misma piedra, no vayamos a hacerlo una tercera.

La vida de unos adolescentes que crecieron subyugados a las decisiones irresponsables de sus padres contrarresta con las voces anónimas de unos adultos que forjaron las identidades de dos niños perdidos en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Y esta es la historia que narra Michael Ondaatje en su último libro, ‘Luz de guerra’, y el hondo vacío es tan costoso de explicar que hay poco más que se pueda añadir después de finalizar su lectura.

 

Lara Adell

Titulo original: Warlight
Título: Luz de guerra
Autor: Michael Ondaatje
Traducción: Guillem Usandizaga
Editorial: Alfaguara
Páginas: 274
Fecha de publicación: mayo 2019

No hay comentarios

Deja tu comentario

Este sitio web utiliza cookies tanto propias y de terceros para analizar sus navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra Política de Cookies más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar