Luces y sombras en el periodismo

La mirada lúcida

Todo va muy deprisa. Vivimos sobrealimentados de información. El torrente de noticias que pasa por nuestros ojos nos impide cuestionar qué es cierto y qué no. El presente es efímero. El ansia por atraparlo en un titular tambalea qué entendemos por periodismo. Tanta cantidad de datos debe de ser tratada con rigor, veracidad y lucidez por parte de los periodistas. Los lectores debemos acostumbrarnos a cuestionar los artículos que pueblan la actualidad. Tenemos que discernir entre prensa y medios ramplones. De lo contrario, la realidad acabará siendo pura falsedad.

¡Última hora!, ¡exclusiva!, ¡primicia! o ¡extra, extra! son algunos de los anzuelos que inundan la sociedad de la información. Bajo estos membretes se persigue ser tendencia. Se anhela la borrachera de los me gusta sin que en muchos casos importe el contenido de la noticia. Esto no es periodismo. Es vanidad. Muchos medios de comunicación utilizan estos recursos para ganar visibilidad. La actualidad se mueve a ritmo de hashtag, algoritmos e inmediatez. Imaginemos a una persona delante de una pantalla. Busca noticias. De repente, se topa con un titular atrayente. Entra en el enlace y lee un par de frases sobre un suceso cuya redacción está en curso. Un texto muerto. Esta es la magia del clickbait. Esta acción la repite más gente. Algunos, incluso, actualizan la página por si se amplía la información. Sigue igual. Así aumentan las visitas a la publicación. No hay artículo periodístico. Solo palabras vacías.

Los reportajes incompletos que supuestamente representan al cuarto poder no son la única sombra del periodismo. Por desgracia, en los tiempos que corren abunda otra práctica más nociva para esta profesión. Se trata de las noticias falsas. Los artífices de estas historias pueden ser periodistas, políticos o personas poderosas que poseen un gran altavoz mediático. Se amparan en su posición para defender que lo que narran es verídico. Uno de los grandes funambulistas de esta práctica es el presidente número cuarenta y cinco de EE. UU. Los cuatro años de la administración Trump serán recordados como el período álgido de desinformación de las últimas décadas. Repetir el relato de estas pseudonoticias y creérselas va en contra de lo que debería ser el periodismo. Los lectores, al no plantearnos si lo que leemos es verídico o no, alimentamos estas historias que se disfrazan de prensa.

Pese a la proliferación de noticias vacías, titulares engañosos y personajes poderosos que quieren imponer su relato del presente, hay periodistas. Existen. No se trata de personas que adquieren un título universitario que lo acreditan como tal. Son mujeres y hombres que persiguen contar los hechos con lucidez, desobediencia, ironía y obstinación. Estos cuatro pilares los defiende Albert Lladó en el ensayo La mirada lúcida, siguiendo la propuesta de Albert Camus en el artículo Le Soir républicain. Los textos insípidos se combaten con artículos periodísticos que calen hondo en el lector. Los titulares que buscan ser flor de un día con otros que sinteticen el contenido de la notica. Para enfrentar a las fake news, todos debemos de cuestionar lo que cuentan, comparar esa historia de un medio a otro y no creer en las verdades absolutas. Cualquiera informa u opina. Muy pocos saben ir más allá, construyendo reportajes transformadores.

 

Daniel Marchante

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