Los buenos samaritanos – Will Carver

Los Buenos Samaritanos

Cuando leo frases del tipo «el thriller del otoño», «elegido como libro del año», «adictivo y sorprendente», etc., resoplo. No puedo evitarlo. Estos eslóganes de marketing están ya tan manidos que, justamente, me provocan el efecto contrario. Pero (y no lo pongo en mayúsculas, aunque debería) tengo que decir que Los buenos samaritanos, de Will Carver (Reino Unido, 1989) y publicada por Ediciones Destino, se ajusta perfectamente a la publicidad que se le está dando.

Casi había olvidado que da gusto no sentirse engañada.

VOLUNTARIADO, SUICIDIO, INSOMNIO, MATRIMONIO Y LEJÍA

Ant es un joven que, tras perder a su mejor amigo durante un viaje a Australia, decide trabajar como voluntario en una línea telefónica de ayuda a gente emocionalmente inestable. «Samaritanos, ¿en qué puedo ayudarle?» 

Hadley, una chica con baja autoestima y tendencias suicidas que ya ha intentado poner fin a su vida un par de veces —aunque al final siempre acaba arrepintiéndose—, vive en un constante bucle de autodestrucción e infelicidad y sabe que, probablemente, necesita ayuda. ¿La encontrará?

Seth padece insomnio. Puede llegar a estar días sin apenas dormir. Por las noches, espera a que su mujer se vaya a la cama para llamar a gente desconocida con la esperanza de poder hablar y conectar con alguien. La mayoría lo manda a la mierda, pero… «¡Ey! Soy Seth. No puedo dormir. ¿Quieres hablar?».

Maeve tiene un buen trabajo; es una respetada ejecutiva a quien le gusta mucho el vino. No tiene hijos, aunque le gustaría, y su matrimonio se basa más en fastidiar al cónyuge que en amarse mutuamente. No sabe cómo ha llegado a este punto. No es feliz pero tampoco puede (o quiere) dejar la relación. Cada día, cuando se va a la cama, oye como su marido llama por teléfono a personas que ni él conoce. Escucha a escondidas sus susurros, sus risas, y piensa que, así, es normal que no pueda dormir. Tal vez si bebiera como ella, su insomnio desaparecería.

El detective sargento Pace sabe que las dos víctimas que han encontrado, con algunos meses de diferencia, no son muertes aisladas y eso le atormenta. Lejía. Las han lavado a conciencia con este desinfectante. Los cuerpos de dos chicas que a priori no tienen ninguna relación ni nexo de unión entre ellas, han sido hallados en los alrededores de Londres. 

DESTINO, COMO LA EDITORIAL

Llamémosle azar, sino, coincidencia o casualidad ―podemos elegir―, pero la cuestión es que cuando Hadley, una madrugada, marca el número de Los Buenos Samaritanos, Seth la está llamando a ella (es la siguiente en su lista telefónica) y se produce lo inevitable: por un malentendido, se junta el hambre con las ganas de comer.

Y claro, lo que empieza como un intercambio inocente, acaba convirtiéndose en algo más. De las charlas nocturnas pasan a un café, de un café a unas copas… Lo que no saben, ninguno de los dos, es que alguien los vigila, los observa y les sigue. ¿Acaso pensaban que eran los únicos que no podían dormir?

SONRISA FINAL

Estar todo el día con el gusanillo en el estómago, con ganas de llegar a casa para coger de nuevo el libro que estás leyendo, es una sensación brutal. Desgraciadamente, hacía semanas que no me pasaba y debo dar las gracias a Los buenos samaritanos por devolverme esa ilusión.

Esta novela, compuesta por capítulos cortos ―y algunos muy cortos―, tiene dos partes bastante diferenciadas en lo que a la trama se refiere. La primera nos expone, presenta y une a los personajes. Empieza a dejarte miguitas de pan para que sigas un camino en concreto y, tu mente, para allá que va. Pero, en muchos momentos, piensas que te están manipulando y que no puede ser tan fácil, con lo cual, cuando llegas al final de este tramo, no puedes evitar decir «¡Ajá! ¡Lo sabía!» y sonreír.

Entonces llegamos a la segunda parte, algo más negra y oscura que la anterior, donde la verdadera condición humana sale a la luz y se muestra sin tapujos ni remilgos. Aquí, tu imaginación y tus deseos van aumentando a medida que avanzas en la lectura. Fantaseas con lo que puede pasar y cruzas los dedos para que se haga realidad. Y luego, al final de la obra, no puedes reprimir un grito victorioso y una sonrisa malvada que hace que, los que están a tu alrededor, te miren asustados.

Sí, tengo una mente retorcida y tal vez algo perversa, pero me encanta ver que no soy la única. Si queréis uniros a mi club, ya sabéis: «Samaritanos, ¿en qué puedo ayudarle?» 

 

Marta Cañigueral Ayllón

Título original: Good Samaritans
Título: Los buenos samaritanos
Autor: Will Carver
Traducción: Yara Trevethan Gaxiola
Editorial: Ediciones Destino
Páginas: 480
Fecha de publicación: septiembre 2020

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