John Le Carré: un espía oculto a plena luz

John Le Carré

John Le Carré / © Monty Fresco

El pasado 12 de diciembre fallecía el escritor británico David John Moore Cornwell. Una noticia así debería pasar inadvertida para todos nosotros. Pero quien se escondía bajo ese nombre era John Le Carré. Como buen espía, nos dejó sin hacer ruido, oculto a plena luz, a los 89 años.

Le Carré fue un autor extraordinario. Fue mucho más que un superventas que escribía novelas de espionaje. Su genial literatura retrató como pocos la condición del ser humano, con minuciosidad, introduciéndonos por grietas que nos condujeron a abismos inimaginables.

Guerra fría

En la obra del escritor británico destaca, por encima de otros temas, la Guerra Fría, el momento de mayor actividad del espionaje internacional. Un momento en el que los bandos estaban bien delimitados por un telón ficticio. De un lado, Occidente, con Reino Unido y Estados Unidos a la cabeza. Del otro, el comunismo de la Unión Soviética.

Pero en esa lucha de poder, en esa guerra de apariencia tenue, una de las principales víctimas fue la verdad, siempre oculta, soterrada. Permanecía en la superficie, a plena luz, pero únicamente visible para aquellos ojos que sabían mirar. Y no sólo la verdad. También persistieron escondidos, delante de nuestras narices, los elementos que iban a hacer de sus tramas algo extraordinario: la traición, la culpa, los ideales, el cinismo, la acción, la violencia, los disparos, las torturas e, incluso, la homosexualidad.

George Smiley

Y, a pesar de su extensa obra (25 novelas y una autobiografía), debemos destacar a un personaje por encima del resto: el del espía y agente de los servicios de inteligencia británicos George Smiley. Es verdad que sólo aparece en nueve de sus libros, y en alguno de ellos de manera muy secundaria. Pero su magnetismo y su capacidad de atracción son superiores al de cualquier otro de sus protagonistas.

Leemos o vemos en las adaptaciones cinematográficas a Smiley (El topo, Llamada para el muerto o El espía que surgió del frío) y reconocemos al héroe. Un héroe tenue y brumoso, pero héroe al fin y al cabo. No como James Bond, sino como un tipo solitario, sin suerte en el amor, con un escudero reconocible (Peter Guillam), con un enemigo al que teme y admira a partes iguales (Karla) y con una inteligencia y una fuerza interior fuera de lo común. Del caballero medieval de La Mancha al espía tras el telón de acero. Del Londres victoriano de Sherlock Holmes al soldado que combatió en la más fría de las guerras. 

Inolvidables también, por ejemplo, sus novelas El jardinero fiel y El Sastre de Panamá. Inolvidable, en definitiva, John Le Carré. Un maestro del género. El gran domador de las novelas de espionaje.

 

Diego Manzanares

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