Las campanas no doblan por nadie – Charles Bukowski

Las campanas no doblan por nadie – Charles Bukowski

las campanas no doblan por nadie

Antes de convertirse en un viejo indecente, Charles Bukowsky (Anderach, 1920 – San Pedro, 1994) fue un poeta pendenciero y un cronista transgresor. Para que no olvidemos su obra (quien la haya leído no sería capaz de cometer tal error), la editorial Anagrama reúne en ‘Las campanas no doblan por nadie’ varios cuentos y relatos inéditos del que fue uno de los escritores más maravillosamente sucios de la literatura americana.

EL ÚLTIMO GENIO

Charles Bukowski publicó aproximadamente 50 libros entre poemarios, relatos cortos, artículos periodísticos, crónicas y cinco novelas protagonizadas por su alter ego Henry Chinaski, personaje en el que volcaría todos y cada uno de sus trastornos y perversiones.

Los más reputados psicoanalistas son capaces de afirmar que mientras se escribe, la imaginación vuela y no es capaz de llevar a término las fantasías plasmadas en los textos, pero, ¿es este el caso de Bukowsky? ¿o semejante personaje es la excepción que confirma la regla?

Es imposible comprender los relatos del escritor si, previamente, no se busca en su biografía alguna explicación. Aun así, el lector que opte por conocer su vida a través de este nuevo volumen, descubrirá el origen de los atributos que se le otorgan a este señor, que no caballero.

Catalogarlo es muy fácil: o lo detestas o lo adoras. No hay término medio para medir los textos (en extremo grotescos) que se acumulan en el libro ‘Las campanas no doblan por nadie’. Y, aunque yo he decidido adorarlo con todas las consecuencias que implica mi decisión, es difícil justificar esta elección. No obstante, lo voy a intentar…

POR QUÉ NO HAY NADIE CÓMO EL

… porque el estilo, influenciado por la prosa de Hemingway, hace que me recuerde la misma música, marcada por unos compases cortos, certeros, bruscos e indomables: “y el resto es sexo y compañerismo y es todo problemas y dolor y gloria”.

… porque se burló de su pasado, condicionado por las heridas causadas por el maltrato paterno, y se inventó un futuro para poder seguir viviendo en el presente, merodeando por los barrios más marginales y violentos con un rostro desfigurado por una rara erupción.

… porque se refugió en el rol de poeta fracasado para poder escribir lo que quería y cómo quería, que fue, básicamente, sobre su primer amor: el alcohol, su segundo amor: el sexo, y su tercer amor: la violencia como contraposición a la sensualidad (entendida violencia como fuente de inspiración y de comunicación, y sensualidad como todo lo contrario).

Un segundo, que todavia hay más

… porque buscó (y encontró) vivencias y experiencias extremas para después poder contarlas con un lenguaje tan soez como certero, camuflando su obsesión por el sexo detrás de la figura femenina y utilizando a la mujer como un objeto, de forma que no pareciera que sólo él padecía esta enfermedad.

… porque, pese a ser un joven lleno de inseguridades y rebeldías, fue capaz de crear una prosa diferente y anecdótica, con unos personajes perdedores dignos de la peor telebasura del momento.

… porque en sus textos no hay metáforas ni giros dramáticos, sólo la embriaguez como espejo de su alma desolada.

… porque, leyendo a Charles Bukowski, el lector percibe la mediocridad de la vida del escritor y siente que la suya no es tan trágica, ni tan veloz, ni tan voraz, ni tan amarga, ni tan triste, ni tan solitaria, ni tan frustrante, ni tan penosa.

“LA VERDAD ES ABURRIDA”

Helen, Sarah y Dolly (me recuerdan a “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”) secuestran a Jimmy para violarlo; una joven bella y voluptuosa baila sin control en un bar con el único fin de excitar a los hombres que la miran; en el apartamento de Rena, alguien más aparte de los dos amantes, se excita viéndolos a través de las cortinas.

Dos trozos de queso harán flipar al lector y, un Bukowski borracho, se recreará mirando cómo se pelean sus amantes mientras se sirve otra copa de whisky. En este momento, y al mismo tiempo, recordará vagamente cómo esa noche lo han detenido por obstruir el tráfico y conducir ebrio.

Decenas de historias tienen como protagonistas a parejas cruzadas o relaciones sexuales de alto voltaje o tríos o sodomización. (“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”). En muchas de ellas, hay dinero de por medio; en otra escena en concreto, un marido paga por ver como su mejor amigo se acuesta con su mujer; hasta que se enamoran y se anuncia el fin de la partida. Todos vuelven a la casilla del perdedor.

Con Bukowski se hace realidad la frase “Suma y sigue”… Y cuando, desgraciadamente, intenta ponerse serio y contarnos un episodio de no se sabe qué guerra, el lector bosteza y bosteza perseguido por el aburrimiento de sus palabras.

Soy  bastante inteligente a pesar de mi estupidez

Después de un suspiro os informo que así son los relatos de Charles Bukowski, un genio de la pluma que hizo de la vulgaridad y la humillación la columna vertebral de su obra, consiguiendo, irónicamente, llegar al éxito. Leerlo es desconectar, vivir los desenfrenados años sesenta americanos y asumir las banalidades a las que estaba expuesto el escritor.

El humor negro, uno de los múltiples clavos a los que se ancla para escribir, lo arrastra por un sinfín de situaciones imposibles de imaginar en nuestra inmaculada, clara y púdica mente. Y ya sabéis, solo depende de nosotros que nos creamos lo que estamos leyendo y nos lancemos a vivir las múltiples e infinitas vidas que nos ofrece este personaje. Una experiencia única para descubrir que la falta de sentimientos no tiene por qué estar ligada a la ausencia del talento.

Lara Adell

 

Título original: The Bell Tolls for No One
Título: Las campanas no doblan por nadie
Autor: Charles Bukowski
Traducción: Eduardo Iriarte
Editorial: Anagrama
Páginas: 390
Fecha de publicación: abril 2019

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