La cuenta atrás – Alicia Finch

La cuenta atrásLa gente siempre cree lo que ve. Si vistes como una puta, creerán que lo eres. Pero si vistes con trajes de Armani, stilettos de Louboutin y vas acompañada de un maletín y del diario Expansión, todos pensarán que eres una mujer de éxito aunque seas una puta. O una asesina.

Todos podemos convertirnos en asesinos. Solo depende de las circunstancias.

El despertador suena a las 06:00. Me devuelve a la realidad dejando atrás el único lugar donde todo es posible: los sueños. Abro los ojos. Ese dolor que apenas me deja respirar vuelve a acelerar los latidos de mi corazón. Lo hará durante las 17 horas que me mantendré despierta.

Desde hace meses, mi vida es una sucesión de rituales que tienen por objetivo sobrevivir a una traición. Él ya no está, pero sigue tatuado en cada poro de mi piel. Era al único hombre, el único, a quien me había permitido amar, hasta aquel día en que su deslealtad emparedó mi corazón.

Ducha. Dientes. Cabello. Maquillaje perfecto. Vestido negro, tacones de vértigo. Hace más de tres meses que el negro es mi único color. Vaporizo en el aire Clive Christian nº 1 y doy un paso para que el aroma impregne mi ropa y mi pelo, mi armadura vacía. Los demás nunca se paran a pensar en lo que hay detrás. Me quedo mirando mi propio reflejo. Me devuelve una sonrisa forzada. Un día más. Un día menos.

Trabajo durante horas, cumplo mi agenda. Como todo lo que me he propuesto en mi vida desde ese día. Todo agendado, todo ordenado, sin espacio para la improvisación. Mi rutina profesional está llena de reuniones, llamadas, videoconferencias, clases y horas de encierro en mi despacho. Esa rutina es la que hace que siga inhalando oxígeno. Pero ya no hay nada que me haga sentir viva. Solo cinco palabras, las que escucho al llegar a casa cada noche.

Las 21:00. Abro la puerta y tecleo el código de la alarma. 170319. 17 de marzo de 2019. Una fecha grabada en un calendario, la que me ha convertido en quien soy ahora. Continúo con el ritual. Echo a lavar la ropa del Gym. Pongo en modo loop There isn’t cure for love de Cohen, mientras me cambio y preparo la cena.

Abro la nevera. La comida está guardada en tuppers de cristal con tapas de colores y etiquetas: receta, fecha en la que se ha cocinado y calorías que contiene. Saco el azul y el verde. Crema de calabacín con queso de cabra y goulash de ternera húngaro. Su plato favorito. Mientras caliento la cena, me preparo una ensalada tras pesar cuidadosamente cada uno de los ingredientes. No me permito ni un gramo de más. Aquí tampoco dejo espacio para la improvisación. Mientras lo hago, bebo vino blanco en una de las copas que compramos en Burdeos. Mi disciplina es lo único que nos mantendrá con vida durante mucho, mucho tiempo.

Pongo ambos platos en una bandeja, una generosa cantidad de panecillos —de pasas, cebolla, aceitunas negras y nueces—, una botella de agua fría, fruta y “el” calendario. Llevo la bandeja al final del pasillo, descuelgo la llave y abro la puerta.

Las 21:30. Como cada noche. Entro y dejo la bandeja sobre la mesa. Él está detrás de su sillón de lectura. La espalda y la cabeza apoyadas en la pared, y el brazo que le queda alrededor de las piernas. La habitación está insonorizada, y la única ventana que hay es inalcanzable para él. Está encadenado a esa misma pared por el pie que no le amputé. Puede ir al cuarto de baño, acceder a la biblioteca, comer una vez al día y dormir. Nada más.

Tuve que dejar parte del brazo y del pie derecho a medio quemar dentro del coche, junto al cadáver calcinado de un hombre desconocido al que tuve que matar y que ocupaba el asiento del conductor. El cuerpo no se pudo identificar, pero sí lo que quedaba de ese brazo y ese pie. En la noticias se habló del terrible accidente que había sufrido tras salirse de la carreta para evitar chocar de frente.

—Buenas noches mi amor, ¿has tenido un buen día?

Y es entonces cuando escucho las cinco palabras que me mantienen con
vida:

—Perdóname, por favor. Te quiero.

Le miro a los ojos. Mi mano le acaricia con ternura el rostro. Sonrío. Y tacho un día más en el calendario: 20 de julio de 2019. Él vive con la esperanza de que ese calendario sea la cuenta atrás para alcanzar su perdón. No sabe que es mi trofeo como pago por su traición.

 

Alicia Finch

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