Gambito de dama – Scott Frank y Allan Scott

gambito de dama

Netflix rompe el tablero de juego que le enfrenta a su competencia al estrenar Gambito de dama: una serie creada por Scott Frank y Allan Scott que se apoya en el romanticismo del ajedrez personificado en una figura: Beth Harmon (Anya Taylor-Joy), una joven huérfana con un talento innato a punto de explotar.

número uno

Es de justicia remarcar lo innegable, y ello es el éxito descomunal de esta miniserie desde su estreno: no ha bajado de la primera posición en cuanto a la emisión más vista de la plataforma norteamericana.
La apuesta es muy patriota, ya que nos encontramos ante el sueño americano representado en un juego milenario —en su origen— como es el ajedrez. He de añadir el apunte de que esta ficción está basada en la novela The Queen’s Gambit (1983) del escritor estadounidense Walter Tevis (San Francisco, 1928 – Nueva York, 1984), sorprendentemente (y más viendo la obra) catalogada como thriller psicológico o de misterio. Ahí va mi primer dardo contra la declarada adaptación.

Una escueta primera secuencia nos muestra a una mujer pelirroja en un plano corto y frontal, con una mirada absorbente. Su tez es pálida y su piel delicada como si hubiese sido moldeada con un cincel. Anya Taylor-Joy mostrando su poder y encanto a las primeras de cambio.

gambito de dama

Nos situamos en la década de 1960, en Lexington (Kentucky). Una pequeña Beth Harmon sale ilesa de un grave accidente automovilístico pero, como consecuencia, queda huérfana. En esa inicial escena comprendemos que los creadores de la serie nos revelan una ficción sin discusión. Y lo agradezco, porque el nivel de exigencia del televidente puede virar de forma clara y concisa: lo que nos puedan mostrar a partir de ahí queda exento de juicios de valor en cuanto a su nula o dudosa veracidad.

La pequeña e impasible niña de 9 años ingresa en un orfanato del estado de Kentucky, donde conocerá su gran pasión: el ajedrez. Nos regocijaremos con la delicadeza y la dulzura de los primeros pasos de Beth, apadrinados por el conserje del centro: el señor William Shaibel (Bill Camp). Sabiendo la época en la que nos encontramos y el punto geográfico, todo transcurre (ficticiamente) entre nubes de algodón y piezas de ajedrez; excepto en algún desliz del conserje con el moonshine de la zona (oh… sí… joder…).

A partir de ahí llega una adopción y, con ello, un cambio radical en la vida de la gran protagonista de Gambito de dama. Viviremos un crecimiento sideral de la joven talentosa, que aplastará a todo aquel que se siente al otro lado del tablero de 64 casillas. Además, a cada nivel que suba, el rival será más inteligente y apuesto (qué cosas). El juego del ajedrez va a estar presente sobremanera aunque, eso sí, pese a la gran velocidad de movimientos supersónicos y múltiples partidas que vamos a presenciar, no descubriremos en qué consiste la repetida defensa siciliana o el ausente movimiento conocido como gambito de dama que da nombre a la serie. El ajedrez como importante adorno. Posiblemente, si a esta serie la hubieran titulado como Enrocar, hubiera tenido más sentido.

el auge ajedrecista del consumidor

Gracias al empuje de este producto audiovisual se ha vendido un 250% más de tableros, sumando todos los países donde se ha estrenado. No obstante, imagino que la gran mayoría de compradores los van a mantener ñ encerrados en un armario por los siglos de los siglos. Apuesto que esta será una gran ocasión perdida para fomentar tanto el juego como sus beneficios, en especial entre los más pequeños de la casa.

Beth Harmon tiene ante sí un camino de rosas con unos únicos tropiezos ocasionados por ella misma debido a los problemas con el alcohol y las drogas. Unos problemas que, hasta los últimos compases de la serie, no he considerado que hayan sido reflejados como, intuyo, reza la intención de los guionistas.
La fotografía es idílica. Tanto los escenarios, el vestuario, el maquillaje y el entorno es recreado con maestría creyéndonos estar en esos inicios de los 60. Los tonos sepia y los ornamentos serán del agrado superlativo para las enamoradas más fieles de la época.

Gambito de dama está gestionada en 7 capítulos de menos de 1 hora de duración cada uno, excepto el último. Puedo afirmar con firmeza que, a partir del tercero, el guion empieza a temblar como un flan hasta dejar huérfanos a los espectadores. Escalando etapas como el que cose y canta.

Hace unas décadas, un púgil de Filadelfia —de origen italiano— venció a la máquina de boxeo soviética llamada Ivan Drago. En esta ocasión, si hay que ir a Moscú a derrocar a los rusos, pues se va.  

una serie sin poso

La sensación que me deja esta miniserie una vez finalizada es de desazón. No me ha aportado nada que vaya a recordar más allá de tres días. Las pajas mentales americanizadas me dejan el pecho frío, y más invitándome a recordar hechos como las épicas batallas entre los compatriotas soviéticos Anatoli Kárpov y Garri Kaspárov (aquello sí que era de interés mundial). Puede, también, que si esta apuesta hubiera estado volcada sobre el gran maestro de ajedrez de Illinois, Bobby Fisher, otro gallo hubiera cantado para mí.

Compren tableros de ajedrez pero, háganme caso: que en su reverso haya uno de damas, para su mejor provecho.

 

Paco Atero

Título original: The Queen’s Gambit
Título: Gambito de dama
Creadores: Scott Frank y Allan Scott
Plataforma: Netflix
Reparto: Anya Taylor-Joy, Bill Camp, Marielle Heller
Temporadas: 1
Capítulos: 7
Fecha de estreno: octubre 2020

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