Enrique Llamas: «Creo que el pasado reciente es una muy buena forma de entendernos a nosotros mismos»

Enrique Llamas

© Pablo Á. Mendivil

En el año 2018, Enrique Llamas (Zamora, 1989) irrumpió en el panorama literario con su novela Los Caín, un rural noir que nos transportaba a una población de la Castilla más cerrada. Hoy, dos años después, regresa con un nuevo libro bajo el brazo, Todos estábamos vivos, de nuevo publicado por AdN Alianza de Novelas, donde nos muestra la cara más oscura de la Movida Madrileña.

Negra y Mortal. Todos estábamos vivos habla sobre la Movida Madrileña, ¿qué es lo que le llevó a hablar de este movimiento y esta época concretos?

Enrique Llamas. Mi generación siempre había idealizado la Movida (lo sigue haciendo). Yo también lo hacía, hasta que de pronto un amigo me hizo caer en la cuenta de los peligros de la época, hubo muchos, pero fundamentalmente dos: la heroína y el SIDA, que causaron unas altísimas tasas de mortalidad juvenil. Quise dar visibilidad a esa parte más oscura de la que tan poco se habla.

NyM. Una de las características de esta novela es que está narrada en sentido inverso: empezamos con un hecho y vamos retrocediendo en el tiempo, ¿cómo se le ocurrió utilizar este recurso?

E. Ll. Parto de la base de que lo importante no es lo que pasó, sino cómo pudo llegar a ocurrir. Y la forma más efectiva (a mi modo de ver) de dar importancia al cómo es desvelar el qué al principio de la novela. Que el relato fuera lineal, pero lineal hacia atrás, me pareció más original que usar solo un flashback. Para eso me inspiré en la serie El asesinato de Gianni Versace y en Feliz Final, una novela brillante de Isaac Rosa.

NyM. Dentro de la obra nos encontramos con una intrahistoria protagonizada por las madres de dos de los personajes principales, personajes que bien podrían tener su propia novela. ¿Por qué su inclusión en Todos estábamos vivos?

E. Ll. La brecha generacional está presente en cualquier generación, valga la redundancia, pero fue más profunda con aquellos que vivieron su juventud en los años ochenta, sobre todo con las mujeres, que empezaron a tener libertades de las que antes carecían. Me gusta además definir a los personajes a través de las relaciones con sus padres: creo que en la parte en la que narro las juventudes de ambas madres se encuentra la explicación a gran parte de la novela.

NyM. La música es un componente importante de su novela, ¿conocía estos grupos, estas canciones con anterioridad, o ha sido gracias a la labor de documentación cuando los ha descubierto?

E. Ll. La música de los años ochenta me apasiona desde siempre, pero documentarme para la novela me ha permitido indagar en formaciones punk a las que no había prestado con anterioridad tanta atención.

NyM. La Movida Madrileña se caracterizó por sus lacas, cueros y colores chillones, pero usted nos muestra su otra cara: portales llenos de orina, callejones oscuros… ¿Le resultó complicado lograr este contraste?

E. Ll. El contraste estaba ahí, aunque no se suela visibilizar. Es triste comprobar que un envoltorio tan brillante esconde algo tan triste, esto ocurre con muchas épocas, no solo en los años ochenta, también ahora y siempre. El problema es que, de los años ochenta, casi siempre nos cuentan solo lo bueno.

NyM. Según usted mismo apunta en la novela, hay cameos, personajes basados en personas reales, y otros completamente inventados. ¿Hay también algo de usted en ellos?

E. Ll. En los personajes reales no hay nada más que verosimilitud, documentación y, sobre todo, un profundo respeto. Puede haber algo mío en los personajes ficticios, no en los reales.

NyM. ¿Le hubiera gustado vivir en esta época?

E. Ll. Si contara con la información con la que hoy cuento sí. Pero vivirla sin conocer los riesgos (es decir, como la vivió toda aquella persona a la que le tocó) no, desde luego que no.

NyM. Una de las cosas que queda patente es la falta de información que los jóvenes tuvieron en esa época, eran desconocedores de los peligros que les acechaban. ¿Cree que con más información la historia hubiera sido distinta o que esas ansias de libertad que tenían hubieran seguido prevaleciendo?

E. Ll. Por supuesto que hubiera sido distinto: pero los peligros eran nuevos y desconocidos. Mis personajes disfrutan del sexo y de las drogas de una forma plena, pero sin protección, de ahí es de donde llegan todos los problemas. La información lo cambia todo siempre.

NyM. Dos novelas publicadas, dos géneros distintos, dos ubicaciones y dos épocas diferentes, pero ambas en el pasado, ¿por qué?

E. Ll. Creo que el pasado reciente es una muy buena forma de entendernos a nosotros mismos, además tengo una incapacidad para entender el presente, a lo mejor esta época la entiendo dentro de unos cuantos años.

NyM. Los Caín, su primera obra, es un rural noir, un género que está en auge, ¿cómo se decidió por contar esta historia?

E. Ll. Decidí escribir desde lo cercano. Delibes me enseñó que se podía hacer literatura con lo más próximo, que en mi caso es Castilla. La historia real de los ciervos que aparecieron muertos en la provincia de Zamora durante el verano de 2010 me dio el resto.

NyM. ¿Dónde se ha sentido más cómodo: en Somino, este pueblo castellano, austero y aislado, o en el Madrid de los 80? ¿Volverá a estos escenarios o cree que ya no puede exprimir más estos lugares?

E. Ll. Como cuando viajas y te dejas algo por ver, en la escritura siempre hay que dejarse algo por contar, para volver siempre. Esto lo puedo decir porque estuve igualmente cómodo con los dos escenarios, aunque a decir verdad siento más propio el paisaje castellano.

NyM. En su estilo narrativo se observan claras influencias de Miguel Delibes o Carmen Martín Gaite, entre otros, grandes autores de nuestro pasado reciente. Una vez más el pasado tiene relevancia en su obra, ¿el presente no le aporta nada, creativamente hablando?

E. Ll. Por supuesto, hay autores interesantísimos: Sara Mesa, Juan Gómez Bárcena, mencioné antes a Isaac Rosa. Están también Inés Plana o María Frisa, entre muchos otros. La propia Almudena Grandes… De todos ellos también aprendo mucho.

NyM. Hay una frase de Ana María Matute de la que usted se ha adueñado en cierto modo: «créanse mis historias, porque me las he inventado». ¿Qué significado tiene para usted?

E. Ll. Siempre que recurro a esa frase cito a su verdadera autora porque así acabó ella su discurso cuando le dieron el merecidísimo premio Cervantes. Para mi esa frase resume lo que es la literatura; nadie mejor que Ana María Matute para explicarlo.

NyM. Estamos inmersos en una situación complicada, ¿cómo le está afectando la pandemia a la hora de promocionar de su novela?

E. Ll. Cualquier evento que sea presencial puede ser cancelado en el último momento, y es difícil vivir con la incertidumbre, eso desde luego. Sin embargo, por el momento no me puedo quejar porque Todos estábamos vivos está teniendo muy buena acogida.

NyM. Pregunta obligada, ¿tiene en mente o en marcha un nuevo proyecto?

E. Ll. Siempre se barajan varias ideas, esto por supuesto.

 

Marta Pérez

 

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