En la prisión de Siberia – Yoann Barbereau

En la prisión de Siberia

Esta es la crónica de un héroe francés en las frías tierras de la Siberia Oriental cuya misión era hacer más grande la pasión de los rusos por el país galo, llevando su literatura más allá de sus fronteras. En la prisión de Siberia es la historia de Yoann Barbereau (1978), no apta para bucólicos y poetas.

Aviso: las dudas que puedan surgir en el lector tras finalizar la lectura de la novela son obra de lo que Yoann nos ha contado, o quizás, de lo que ha decidido callar. 

El caso: Zek Barbereau

En 1877, un correo del zar llamado Miguel Strogoff recorrió la taiga rusa desde Moscú hasta Irkutsk para advertir al hermano del zar Alejandro II de la invasión de Siberia a manos de los tártaros, instigada por el traidor Iván Ogareff. Algo más de un siglo después, Julio Verne sigue muy presente en el país más extenso del mundo. Y también en la mente de nuestro protagonista.

Yoann Barbereau fue destinado a Irkutsk (capital de la Siberia Oriental) y nombrado director, durante casi una década, de la Alianza Francesa local, «la asociación nacional para la propagación de la lengua francesa en las colonias y en el extranjero», perteneciente esta al Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Funcionario y diplomático, su vida, como la de sus colegas, se movía entre fiestas, convites y por qué no, sexo. Pero esa existencia artificial cambió cuando, en 2014, Rusia se anexionó Crimea. El clima político se volvió turbio. Los grupos nacionalistas, silenciados hasta ese momento, empezaron a resurgir. Y el nombre de Yoann B. pasó de Monsieur a quedar escrito en la lista de «indeseados».

El 11 de febrero de 2015 es detenido en la puerta de su casa delante de su hija pequeña y su mujer. Sin saber los motivos que habían derivado en la detención y con una bolsa en la cabeza, fue llevado a una sala donde tres hombres de aspecto de mastodonte le muestran unas imágenes y le exigen, a base de gritos, que confiese. «Que confiese qué». Sus evasivas y su farsa sobre la no dominación del ruso le provocan una lluvia de golpes, amenazas y demás improperios. La bilis le resbala por la camiseta de una figura bicéfala. 

Kompromat

Su significado es informe comprometedor. Creado por el KGB, es el santo grial de todos los servicios de inteligencia. Ha sido usado durante muchos años no solo en Rusia, sino también en los estados postsoviéticos. Es el arma más letal del Kremlin y del FSB —tras la disolución del KGB en 1991, Boris Yeltsin crea el FSB, el servicio federal de seguridad, sucesor del anterior— para deshacerse de aquellos que dejan de ser importantes. El espionaje, la vigilancia o la contrainteligencia están entre sus funciones. Sea verídico o manipulado, una vez se hace público ese informe, la persona a la cual compromete no tiene nada que hacer. Su voz ha sido desacreditada y su reputación arruinada. La opinión pública calla. Ese es el poder del Kompromat. Puede crear fotomontajes, tirar de hackers para implantar documentos en softwares… Todo es válido cuando la premisa es: por la seguridad nacional.  Y eso fue lo que le ocurrió a Yoann. Pero el quid de la cuestión es: ¿con quién se había cruzado —o ya puestos, acostado— Barbereau para que le quisieran silenciado, muerto y enterrado?

La magnitud de un Imperio 

En la prisión de Siberia es una historia compleja, en una nación compleja. Como en cualquier hecho real que se aprecie, son muchos los personajes que tienen cabida y de igual modo lo son sus versiones. Dos veces tuve que leer la novela para hacerme una idea de la enormidad de la situación. La obra es una miscelánea de sucesos, de saltos en el tiempo a través de los pensamientos de su protagonista. 

Los complots dentro de la diplomacia, el espionaje, no son algo baladí, y menos en el país de los cosacos. La tela de araña se expandía, ahogando con ellos a todos lo de su alrededor. Yoann tuvo que mimetizarse con el ambiente para sobrevivir. Era astuto, se había movido por las altas esferas de la embajada francesa y podía poner en jaque de manera rápida a ambos ministerios del exterior.

La travesía rusa

Monsieur Barbereau consiguió salir de Irkutsk y de Rusia. 5000 km separan esa ciudad de Moscú —los mismos que recorrió Strogoff en su ardua hazaña—, donde acabó en otra jaula, aunque esta vez de oro: una habitación en la embajada francesa. Su llegada fortuita (y por ende nada esperada tras su fuga) había supuesto un duro golpe no solo para los investigadores rusos a los que consiguió engañar sino también para el país galo, comprometiendo así la amistad francorrusa y sus intereses. El cómo logró atravesar medio país desde Siberia hasta la capital lo dejo a su imaginación. Eso, o se leen esta obra.

Con todo lo aquí expuesto no quiero trastocar opiniones personales y pasiones viajeras. Rusia es un Imperio autócrata gobernado por un líder con aires de dictador. En la de antes y en la de ahora todo, absolutamente todo, está permitido. Pero su riqueza, la de Rusia, es tan grande como lo es su poder, su historia, admirable (de ahí salió una Catalina llamada La Grande), y su belleza, cegadora para los pobres viajeros que un día decidimos dejarnos caer por allí.

 

Alba R. Prieto

Título original: Dans les geôles de Sibérie
Título: En la prisión de Siberia 
Autor: Yoann Barbereau
Traducción: Elena González García
Editorial: Principal de los Libros
Páginas: 304
Fecha de publicación: noviembre 2020

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