El tren de los niños – Viola Ardone

Entre 1945 y 1950, setenta mil niños italianos partieron de las zonas más destruidas por la guerra para ser acogidos por familias en el centro y norte de Italia. Viola Ardone (Nápoles, 1974) recibió una foto de un anciano que formó parte de aquella experiencia y decidió rescatar esta historia olvidada del recuerdo personal para convertirla en memoria colectiva en El tren de los niños, una emotiva novela que nos habla de sacrificio, abandono y miseria pero, sobre todo, de solidaridad.

LA MISERIA DE LA POSGUERRA

Italia, 1946. Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, Amerigo Speranza vive en un callejón en un barrio napolitano de los Quartieri Spagnoli, rodeado de penurias, hambre y pobreza. Solo tiene siete años, pero es uno de esos niños que crecen demasiado rápido. Heredó el apellido de su madre, Antonietta, una mujer incapaz de mostrar afecto, que nunca tuvo caricias y no podía dar ninguna, acostumbrada a mirar siempre la vida un poco de lado, con aire taciturno, mientras que de su padre solo se sabe que se fue a América para hacer fortuna. Amante de los números pero no de las letras, Amerigo, que se ha ganado el nombre de Nobel porque sabe muchas cosas, no va a la escuela y su maestra es la calle: va por ahí, escucha historias y recoge trapos y ropa usada.

LOS TRENES DE LA ESPERANZA

La Unión de Mujeres Italianas y las secciones locales del Partido Comunista organizan los trenes de la felicidad, vagones llenos de niños que parten de las zonas más devastadas por el conflicto, y que se dirigen sobre todo a Emilia-Romaña, donde serán acogidos por familias que se ocuparán de ellos. Mamá Antonietta aprovecha esta oportunidad para su hijo, al que no tiene nada que dar. Y así, Amerigo, junto con sus amigos Tommasino y Mariuccia, con el miedo de sus siete años, unos zapatos —nuevos pero pequeños— y la tristeza en la barriga, se enfrenta a un largo viaje a través de una Italia hecha de escombros y ruinas, hacia la provincia de Módena, donde compartirá una temporada inolvidable con la familia Benvenuti y descubrirá una figura paterna, recibirá no solo comida, sino también cariño, educación e importantes estímulos para su pasión musical. Una experiencia que marcará profundamente su vida y lo dejará «partido en dos», como diría su amigo Tommasino.

Entre separaciones y reunificaciones, afectos perdidos y encontrados, Viola Ardone nos ofrece una visión de la difícil situación de la Italia de la posguerra, atravesada por el fermento del comunismo y los albores del feminismo. Nos habla, magistralmente, del traqueteo de un tren y de la tristeza en el vientre; de volver a una realidad en la que sus protagonistas se sienten fuera de lugar; de la acogida y el sabor amargo que tiene para ambas partes; de niños partidos en dos mitades, preguntándose si es correcto sentir la misma dosis de amor, hasta entonces derramada sobre los suyos, por los miembros de las familias de acogida; de vidas agrietadas y desconectadas.

UN PROTAGONISTA INOLVIDABLE

Es difícil no encariñarse con el protagonista, no sonreír con sus ocurrencias y conmoverse con sus reflexiones. Con su mirada curiosa y su espíritu irreverente, Amerigo nos cuenta su experiencia en primera persona; con ligereza y asombro nos hace acompañarlo a descubrir un nuevo mundo y ver con sus ojos destellos del contexto histórico y social: los bombardeos, la ocupación, la lucha comunista y también la condición femenina en la Italia de la época.

La última parte de la novela se sitúa en la primera mitad de los 90 y tiene como narrador a un Amerigo que ahora es un hombre de mediana edad. Esta es la parte más delicada y conmovedora, en la que la narración se adapta a las nuevas necesidades del protagonista, que está llamado a viajar al pasado, trepando por los callejones y los momentos de su vida para reconciliarse con sus vivencias ya lejanas, desatar los nudos de sus ansiedades, y aprender a perdonar y perdonarse a sí mismo, con una mirada diferente.

Hay que destacar la brillante elección lingüística adoptada por la escritora en los diferentes marcos temporales. Nos transmite la mirada de un niño inculto de siete años, impertinente y genuina, ingenua e inteligente a la vez, con frases cortas de léxico limitado. Su prosa se vuelve cuidada e impecable cuando da voz a un Amerigo adulto.

UNA HISTORIA EMOTIVA Y CONMOVEDORA

El tren de los niños es una historia intensa e íntima, un cuento de renuncias y oportunidades, pero también de amor. Un amor extraño, no expresado, hecho de ausencias. También es el dolor de la separación de un niño de su madre, el descubrimiento de la familia más allá del vínculo de sangre, el testimonio de una realidad olvidada en Italia que nos hace reflexionar sobre la diferencia entre la caridad y la solidaridad. Un lienzo realista con unos personajes hábilmente esbozados sobre el que Viola Ardone ha tejido una emotiva trama para hablarnos del significado de la elección, el sacrificio, la miseria y la solidaridad.

Victoria Velasco

Título original: Il treno dei bambini
Título: El tren de los niños
Autor: Viola Ardone
Traducción: Maria Borri
Editorial: Seix Barral
Páginas: 312
Fecha de publicación: octubre 2020

1 Comment
  • Espe
    Publicado a las 20:45h, 17 noviembre Responder

    Me quedo con ganas de más.

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