El racismo también es pandemia

«Elwood recibió el mejor regalo de su vida la Navidad de 1962, por más que las ideas que ese regalo metió en su cabeza fueran su perdición. Martin Luther King at Zion Hill era el único álbum que poseía, y siempre estaba puesto en el tocadiscos»

Así empieza Los chicos de la Nickel, un libro escrito por el estadounidense Colson Whitehead, ganador del Premio Pulitzer en 2017 y en 2020. Hacia el final de su novela, el autor introduce parte de la carta que escribió Martin Luther King desde la cárcel de Birmingham:

«Metednos en la cárcel y nosotros os seguiremos amando… Pero tened por seguro que nuestra capacidad de sufrimiento acabará por agotaros, y que un día ganaremos nuestra libertad. No solo ganaremos la libertad para nosotros, sino que apelaremos a vuestro corazón y a vuestra conciencia para ganaros también a vosotros para nuestra causa, y nuestra victoria será una doble victoria».

Un tipo llamado Elwood tendrá siempre en mente a Martin Luther King; de esta manera, el pastor baptista estadounidense se convierte en un personaje más. Aunque no aparezca explícitamente, vive en sus pensamientos.

«No soy negro, soy hombre». Los discursos del activista aparecen en la novela como un símbolo de lucha para Elwood quien, tras analizarlos, sueña con un posible futuro digno. Esta magnífica novela cuenta el final de la segregación racial estadounidense de los sesenta y tal importancia sustenta el tema tratado que fácilmente se podría aplicar a nuestro presente.

Una pandemia sin vacuna

2020 ha sido un año condicionado por la pandemia de COVID-19. La vacunación se presenta como una posible solución. Pero, ¿cómo podemos vacunarnos contra una discriminación que privilegia a las personas de un determinado color de piel?

La muerte de George Floyd bajo custodia policial en Minneapolis el 25 de mayo de 2020 desató una oleada de protestas en Estados Unidos de gran magnitud. Pero las tensiones entre la policía y las comunidades negras no son nada nuevo. ¿Os acordáis cuando el 2 de junio del año pasado todos publicamos una fotografía con un fondo negro en nuestras redes sociales para mostrar apoyo y manifestarnos contra el racismo de Estados Unidos? Exacto. Pues hubo muchos precedentes, por ejemplo, las de Ferguson, Missouri, que marcaron el comienzo del movimiento Black Lives Matter en 2014. Esos precedentes incluyen los disturbios de Los Ángeles, que estallaron después de la absolución de oficiales de policía en 1992 por golpear a Rodney King. Ese trastorno ocurrió casi tres décadas después de los disturbios de 1965 en Watts, que comenzaron cuando Marquette Frye, una afroamericana, fue detenida por presunta conducción ebria y maltratada por la policía por resistirse al arresto. Un caso tras otro pasa por nuestra vida a cámara rápida.

Blancos o negros: la elección de la bala

En 2015, The Washington Post comenzó a registrar cada tiroteo mortal de un oficial de policía en servicio en los Estados Unidos. Durante todo este tiempo (del 2015 al 2021), The Post ha registrado más de 5.000 disparos de este tipo. Después de que Michael Brown, un hombre negro desarmado, fuera asesinado en 2014 por la policía en Ferguson, (Missouri), una investigación del Post descubrió que el FBI subestimó los disparos policiales mortales en más de la mitad de los casos. Esto se debe a que la denuncia por parte de los departamentos de policía es voluntaria y muchos departamentos no lo hacen. Los datos del periódico se basan principalmente en cuentas de noticias, publicaciones en redes sociales e informes policiales.

Lo que queda claro de esta investigación es que la tasa mortal de los estadounidenses negros es mucho más alta que la de los blancos. Aunque la mitad de las personas asesinadas a tiros por la policía son blancas, los estadounidenses negros reciben disparos a un ritmo desproporcionado. Los afroamericanos son la mayor minoría racial y representan menos del 13% de la población de EE. UU., pero su número de muertes por disparos de la policía es más del doble que el de los estadounidenses blancos (35 millones frente a 14 millones).

 

Fuente: The Washington Post 

Los hombres negros tienen más probabilidades de ser detenidos por la policía, tienen menos probabilidades de tener un juicio justo y sus sentencias son más largas que las de los blancos condenados por los mismos delitos.

Sueños rotos

Ahnayd Arbery, un joven afroamericano de 25 años, asesinado por un expolicía y su hijo en una zona residencial en Georgia. Breonna Taylor, una técnica de emergencias de 26 años, asesinada por la policía que invadió su casa con una orden de allanamiento de estupefacientes y de un sospechoso no relacionado con la joven: la mujer, que no tenía antecedentes ni poseía drogas en el domicilio, recibió ocho disparos. Una larga lista de afroamericanos asesinados por juicios de valor falsos, por la superioridad de la raza blanca y por nuestra ignorancia. ¿Hasta cuándo haremos como si nada? Como si no nos incumbiese a nosotros, porque claro, somos blancos. Hay que dejar de diferenciar a las personas por su color de piel y basarnos en su interioridad.

Colson Whitehead pone estas palabras en boca de Turner, amigo de Elwood: «Nos tratan como infrahumanos en nuestro propio país. Siempre ha sido así. Y tal vez lo será siempre». Para encontrar la vacuna del COVID todos los países se pusieron manos a la obra y, como un buen equipo, en un tiempo récord, ya teníamos el antídoto. ¿Por qué nadie intenta elaborar una vacuna contra el racismo? ¿Porqué aceptamos el trato infrahumano sin mover un dedo? ¿Hasta cuándo vamos a dejar que los derechos humanos se pisoteen y que el color de piel sea un motivo para cometer un asesinato?

Tenemos el lema, falta la acción

Los chicos de la Nickel, al igual que todas las víctimas del racismo, representa sueños rotos, un dolor amontonado sobre leyes insensibles e injustas, una verdad disimulada y guardada en un baúl, pero, sobre todo, es la personificación de la valentía y la lealtad de muchas personas que perdieron la vida únicamente por su color de piel.

El racismo institucional, la desigualdad sanitaria y educativa o la violencia policial son un obstáculo que cualquier niño afroamericano tendrá que afrontar a lo largo de su vida.  Para que el sueño al que se refería Martin Luther King se haga realidad, los discursos sin fundamentos, que prolongan la segregación estructural, no son suficientes. Lo imprescindible son las políticas dirigidas a una igualdad auténtica y eficiente. “Las vidas negras importan”, como dice el lema en inglés Black Lives Matter; sin embargo, lamentablemente, todavía no importan lo suficiente como las vidas blancas.


Preslava Boneva

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