El amor entre versos

¡Cuán mísero el corazón que no sabe amar,

que no puede embriagarse de amor! Si no amas,

¿cómo podrás comprender la luz enceguecedora del sol

y la suave claridad lunar?

 -Rubaiyat de Omar Khayyam

Recuerdo que en mi adolescencia leí los Rubaiyat de Omar Khayyam, un poeta persa del siglo XII. Son cuartetos que tratan distintos temas: el vino, el amor, el erotismo, la reivindicación del librepensamiento, la muerte y la sabiduría, entre otros. Pero el eje principal de esta columna no es la persona del poeta ni su producción literaria, sino específicamente uno de sus versos: “cuán mísero el corazón que no sabe amar”. Es algo que he releído varias veces estos meses —como una especie de oración— hasta que me he dado cuenta de que la poesía es eso: el amor. No el palpable ni el físico, sino un amor que se abstrae del elemento sexual y se basa en lo invisible para los ojos, mucho más profundo que un simple apego sentimental. Se trata del amor a la vida. De la fragilidad y la sensibilidad que no podemos tocar. Ni el amor tampoco podemos tocarlo. Muchas veces ni siquiera podemos describirlo; de hecho, casi nunca logramos hacerlo, y en eso consiste su magia. Eso es lo que oculta la poesía: poner palabras a un sentimiento incorpóreo. Un verso es el amor que no somos capaces de acariciar, es el pájaro con el ala rota, el huérfano buscando una familia de acogida. Palabras nunca dichas en voz alta. Un amor no superado, no olvidado, un amor que nunca pudo ser, un imposible. La poesía es eso.

Pero también es el amor que sí es, el que está cada día entre nosotros. El amor por el que apostamos cada mañana al levantarnos. Amor hacia los padres, hacia la pareja, hacia los amigos, hacia nuestros profesores. Es algo tan significativo que inconscientemente lo cultivamos como un pequeño tesoro. Comentamos horas y horas un poema con los que más queremos porque compartir lo que nos llena es una forma suprema de conocernos, desnudarnos delante del otro. Compartir versos es estar juntos en algo, construir una amistad con base de letras. Regalamos versos a los que más apreciamos porque es un acto de demostrarle a un ser querido que no está solo. Escribir poesía, dicen muchos, es un ejercicio de soledad, como los libros, pero declamar y compartir poesía es de todos. Es un todo. El amor es un todo. Lo es todo. La poesía es enseñar a amar y ver la belleza en lo frágil. El dolor también es belleza.

Un verso es un esbozo de las heridas que llevamos dentro. La poesía es el dolor transformado en amor. La construcción de un poema es la búsqueda de convertir la herida en cicatriz. La poesía no cura ni sana, pero hace el proceso de sanación más fácil: es la resiliencia perpetua.

Preslava Boneva

 

 

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