El acoso invisible

“Y justo en ese instante, el chico asustado que observa su bocadillo en el suelo, acaba de descubrir que existe la violencia real. No la violencia que está acostumbrado a ver todos los días en la televisión, esa tan lejana que ocurre a otras personas, en otros lugares… sino la que ahora mismo acaba de rozar su alrededor”.

Un momento, un instante en que todo cambia. No sabes por qué y no entiendes cómo ha podido ocurrir, pero te ha elegido y ya no hay vuelta atrás; amenazas, insultos e incluso agresiones físicas se convierten en el pan tuyo de cada día.

En Invisible, Eloy Moreno nos hace reflexionar y aprender sobre un tema que está a la orden del día en muchos colegios e institutos: se trata de una obra narrada en primera persona por un chico que sufre acoso escolar. En una entrevista a la revista 20 minutos, Eloy Moreno anima a abrir más los ojos, y advierte que “la indiferencia es una forma de violencia”, puesto que no hacer nada, puede contribuir a perpetuar situaciones injustas y dolorosas.

Según datos del Estudio sobre el Acoso Escolar en España ‘Dilo todo contra el Bullying’, 1 de cada 10 niños escolarizados en España sufren o han sufrido bullying, con un significativo aumento del ciberbullying debido a la pandemia.

«A partir de aquel día comenzaron a llegarme al móvil imágenes con mi cara en forma de tomate, convertido en un Hulk rojo, o con el cuerpo tan hinchado que parecía un monstruo. El problema es que no podía controlarlo, las imágenes iban de móvil a móvil sin que yo pudiera hacer nada”

Las causas que provocan el acoso escolar pueden ser múltiples, aunque uno de los factores que más influye a la hora de ser escogido por un maltratador es marcar la diferencia. Ser más listo que nadie, tener un color de piel diferente al resto, una apariencia física característica o llevar un tipo de ropa puede convertirte en un blanco fácil para los acosadores. Los prejuicios generan habitualmente comportamientos homofóbicos, que incluyen con frecuencia agresiones verbales y físicas, produciendo en el niño afectado un sentimiento de culpa que, en muchas ocasiones, derivan en grandes depresiones o incluso el suicidio.

“Es importante no ser demasiado listo en el colegio, así uno pasa más desapercibido, es mejor ser de los mediocres, no destacar ni por arriba ni por abajo….”

“Mientras estaba allí escondido no sé por qué me imaginé a MM de mayor, ¿cómo sería, que haría? Me lo imaginé pegando a más gente: quizá a su novia, quizá a su mujer cuando se casara, o a sus hijos, pegándoles desde pequeños cada vez que hicieran algo que a él no le gustase.”

Los acosadores o bullies son personas dignas de estudios psicológicos por tener un perfil característico con varios denominadores comunes. La necesidad imperiosa de dominar a los demás, con un alto nivel de egocentrismo y con una falsa creencia de superioridad, que combaten escogiendo a víctimas débiles para sentirse más poderosos. Con una personalidad antisocial y rígida de pensamiento, les cuesta sentir empatía hacia los demás; posiblemente tengan un coeficiente intelectual por debajo de la media y sean incapaces de gestionar sus propias emociones.

“Y es ahí, en ese punto, cuando varios sentimientos se le agolpan sobre un cerebro que no puede controlar: la ira, el odio, la envidia, la rabia…

Es entre ese huracán de sensaciones cuando se hace las preguntas que nunca desearía hacerse: ¿Por qué nadie le da un beso en casa? ¿Por qué nadie le pregunta cómo se siente al tener solo nueve dedos y medio? ¿Por qué sus padres siempre que en verano va sin camisa por la casa son incapaces de mirar hacia esa cicatriz que lleva en el pecho, sobre el corazón?… y, sobre todo, ¿por qué su padre nunca nunca habla con él de lo que ocurrió hace años?”

Detrás de un maltratador, en ocasiones también hay una persona con problemas emocionales, niños con poco apoyo por parte de sus progenitores, incomprendidos que combaten su sufrimiento haciendo sufrir a los demás para así calmar su propio malestar interior.

“Será visible también para todos los profesores del instituto, unos profesores que, con cara de preocupación simularán que no saben cómo ha podido ocurrir algo así. Será, por fin, visible para la directora del centro. Una directora que estará preocupada por la salud del chico y, por supuesto, por cómo va a afectar eso a la reputación y a los ingresos del instituto. Será visible para todos sus compañeros. Para los que ni siquiera lo conocían y para los que sabiendo lo que estaba ocurriendo nunca dieron un paso para impedirlo. Para todos esos compañeros que hacen trabajos, proyectos, murales… sobre la paz mundial, la ayuda a los débiles, la concordia de las civilizaciones, pero que no han sabido cómo ayudar a quien tienen al lado”.

Podríamos hablar largo y tendido sobre el entorno que silencia y/o propicia que se genere el bullying, porque no solo es culpable el que levanta el puño, el que verbaliza insultos aberrantes sobre la víctima o el que la aísla del resto, provocando una situación de aislamiento absoluto, sino el que ve y calla, el que por comodidad no denuncia o el que refuerza la agresión, apoyando al agresor y grabando el ataque para luego subirlo a las redes sociales. Esto es lo que ocurre tristemente en la mayoría de los casos donde hay un caso de bullying: ignorar la situación o mirar hacia otro lado para evitar el conflicto.

Eva Núñez

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