El abanico de Lady Windermere – Oscar Wilde

El abanico de Lady Windermere – Oscar Wilde

El abanico de Lady WindermereOscar Wilde (Dublín, 1854 – París,  1900), firmó la pieza teatral ‘El abanico de Lady Windermere’, una crítica audaz sobre el adulterio en la sociedad de la época.

OSCAR WILDE, UNO DE LOS GRANDES GENIOS DE LA LITERATURA

Respeto. Esa es la palabra que tengo en mente, mientras sentada frente al teclado me propongo a escribir unas líneas sobre una de las obras del grandísimo Oscar Wilde.

Es posible que incluso quien no haya leído ninguna de sus publicaciones, haya utilizado o simplemente dejado posar su vista, sobre alguna de las numerosas frases por las que es y será recordado siempre. Unas citas llenas de ironía e inteligencia. Porque si por algo se caracterizaba Wilde era por su ácida y afilada pluma.

“Las preguntas nunca son indiscretas, las respuestas sí”.

Wilde, persona polifacética, escribió: poesía, cuentos, teatro y una única novela. Aunque, ¡qué novela! ‘El retrato de Dorian Gray’, un deleite para los sentidos que daría para hablar largo y tendido, pero que no es el tema que hoy nos ocupa y tendremos que dejar para otra ocasión.

LA DULCE MARGARITA ENGAÑADA

‘El abanico de Lady Windermere’, comienza con el cumpleaños de la mujer que da título a la pieza. Margarita, (Lady Windermere) ha recibido un precioso abanico como regalo de su amadísimo marido, con el que lleva dos años felizmente casada o… quizá no tan feliz como ella piensa.

Fiel defensora de la fidelidad y el puritanismo, la inocente esposa para nada espera que la visita de una bienintencionada amiga, esté a punto de dar un vuelco a su vida. La Duquesa de Berwick, en un arrebato de confianza, le aconseja que aleje a su marido de la ciudad, sus continuas visitas a Mistress Erlynne y la casual mejora económica de la misma, coincidiendo en tiempo con su “amistad” con Lord Windermere, están en boca de todo Londres.

Margarita no quiere dar crédito a lo que su amiga le ha contado, pero una vez sembrada la semilla de la duda en ella, señores y señoras, el drama está servido.

“Las mujeres que llamamos buenas pueden llevar cosas terribles en ellas; pasar por situaciones de locura, de inconsciencia, de afianzamiento propio, de celos, de pecado. Las mujeres malas, como se las denomina, pueden tener, en cambio, dolor, arrepentimiento, compasión, sacrificio.”

LA HIPOCRESÍA DE LA SOCIEDAD, A JUICIO

Con este argumento en el que todo indica que nos encontramos ante un marido adúltero, el dramaturgo inglés hace una feroz crítica al hecho de que el mismo acto tenía consecuencias muy distintas si quien lo hacía era un hombre o una mujer.

Un hombre infiel era aceptado por la sociedad. Era, podríamos decir, una pequeña travesura implícita en su género. La esposa solo debía alejarlo del objeto de deseo para “reconducirlo” por el buen camino de nuevo. Aunque, claro, los hombres son tan débiles en ese sentido… que lo mismo esa acción se podía repetir una y otra vez. Sin consecuencias graves, claro está.

Sin embargo, una mujer adúltera, perdía su dignidad, su puesto en la sociedad y todas las puertas se le cerraban. Nadie criticaba más ferozmente a una mujer caída en desgracia, que otra mujer. Esa reputación mancillada, difícilmente podía limpiarse. Solo el buen corazón de una dama que le abriera la puerta de su casa, podría de alguna manera ayudarla en su reconversión.

Un hombre que moraliza es, generalmente, un hipócrita; y una mujer que moraliza es, invariablemente, fea. Nada hay en el mundo entero tan indecoroso como la conciencia de una puritana. Me satisface decir que muchas mujeres lo saben.»

EL TEATRO, UN GÉNERO A TENER EN CUENTA

‘El abanico de Lady Windermere’ pertenece al género dramático, en el cual, Wilde se desenvuelve con gran soltura.

Quien no haya leído nunca una obra teatral se puede sentir un poco sorprendido por su estructura. La pieza se divide en actos, dando inicio cada uno de ellos con una descripción detallada de lo que aparece en escena, tanto el tipo de mobiliario existente, como los personajes y su ubicación en la escena. Los diálogos van siempre precedidos del nombre del personaje. Y los movimientos de los personajes, tanto cambiando de lugar, como realizando una acción por mínima que sea o la entrada y salida de escena de los mismos, se encontrará detallado en el texto, normalmente entre paréntesis.

Una vez familiarizado con el estilo, personalmente, este tipo de lecturas me resultan muy amenas y es muy fácil hacerte una composición mental de cómo se va desarrollando la acción. Y desde aquí, os animo a darle una oportunidad a este género, si no lo habéis hecho ya.

UNA OBRA SOBRE UNA MUJER BUENA

‘Una obra sobre una mujer buena’ es el bajo título de esta tragedia. Dividida en cuatro actos, se representó por primera vez en 1892.

Desde entonces, muchas han sido las versiones teatrales que se han hecho de la misma, y hasta cuatro las cinematográficas. A pesar de no encontrarnos ante la obra ni más conocida, ni mejor de Wilde.

Creo que no podría terminar con este pequeño homenaje a mi admirado Oscar Wilde, que hacerlo con sus siempre acertadas palabras.

“Las acciones son la primera tragedia en la vida; las palabras la segunda. Las palabras son acaso la peor. Las palabras son inexorables…”

 

Marta Pérez

Título original: Lady Windermere’s Fan
Título: El abanico de Lady Windermere
Autor: Oscar Wilde
Traducción: Julio Gómez de la Serna
Editorial: Simancas
Páginas: 216
Fecha de publicación: abril 2016

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