De repente, el último cigarro

© José Ramón Vega González / Fuente: elpais.com


No tiene dinero ni para un cruasán vegetal. Solo le dan para tabaco y algún que otro caramelo de menta. El administrador opina que es por su bien y el de su familia. Una familia fantasma que ya solo vive dentro de sus patéticos recuerdos.
Se bebe las coca-colas una detrás de otra, que invita la casa. El vino, la cerveza y el vodka se quedaron atrás, en una lejanía brumosa con sabor a barbitúricos. Arrastra las palabras al hablar, tropezando la lengua contra el cielo de la boca. A través de frases cortas e inconexas sirve su vida en un plato frío, sin calentar.

“El fracaso es la más resplandeciente victoria”, suele repetir. Acomodado en el humo de un pitillo, sus amores fueron los chulos, las putas y el hachís. La vida le empezó a doler desde muy temprano, desde que las nubes se dedicaban a volar bajito y los prados estaban plagados de dientes de león.
“Los locos deberían asumir el papel de los cuerdos”, vocea en una terraza bajo la luz blanca de una tarde cualquiera. Quizás lo estén, y tan solo actúan para nosotros. Quizás sean galaxias dentro de otras galaxias. Tan quizás que, a veces, solo siguen adelante por ese quizás.

Mira ensimismado el dibujo de las baldosas que pintan de azul el suelo de la plaza. Parece recordar aquel último segundo de aquella Nochevieja. Aquel, de repente, último verano.
Porque ya no hay encinas tras la ventana, ni maíz blanco, ni colinas. Hay pigmeos que pisan cráneos, que a su vez son huesos y se convierten en nada. Solo le queda la materia muda del arroyo, ese arroyo que desemboca en el lago en el que beben los elefantes.

La vida, para él, continúa siendo un misterio. Un misterio que ya no sabe ni olvidarle.

 

Mi gran amor se llamaba Maíz Blanco
fue torturada y violada en las colinas
cerca del lago en el que beben los elefantes.
De mí apenas quedarán los huesos
sobre mi cráneo un día pasará un pigmeo
silbando, cerca del lago,
cerca del lago en el que beben los elefantes.
Morí por una causa que el elefante no sabe
y que es misterio y olvido para el pájaro
ya que lo que la serpiente es para ti
no lo sabe la selva
y la materia del arroyo está muda
y no sabe ni olvidarme.

‘Contra España y otros poemas no de amor’

 

*En recuerdo del gran poeta Leopoldo María Panero

 

Diego Manzanares

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