Cien noches – Luisgé Martín

Cien noches

Las relaciones interpersonales funcionan —en parte— gracias a la mentira, a los tabúes, a las falsedades; gracias a la palabra, al lenguaje. No sucede así en aquellos animales irracionales que actúan siendo fieles a sus impulsos, bajo un sistema en el que solo manda la naturaleza. Luisgé Martín (Madrid, 1962) nos propone un experimento antropológico en su novela Cien noches, ganadora del Premio Herralde de Novela. Este estudio ficticio tiene como objetivo saber —mediante investigaciones ilegales— qué porcentaje de la población le es infiel a su pareja.

ANTECEDENTES

«Los investigadores introdujeron en una jaula grande a una rata macho y a cinco o seis ratas hembra que estaban en celo. El macho se apareó con todas, una por una, hasta que quedó saciado sexualmente y dejó de responder a los estímulos de las ratas hembra, que continuaban acercándosele para tentarle. Los investigadores metieron entonces en la jaula una rata nueva, y el macho, al verla, recobró su energía y se lanzó a copular con ella».

Lo anterior tiene que ver con el llamado efecto Coolidge, y es real. Pueden documentarse al respecto en esta araña denominada internet. Pero lo cierto es que el hecho de que la historia de Luisgé Martín zarpe acompañada de la verdad nos introduce irremediablemente en un mundo paralelo que, aunque sea de forma aparentemente temporal, nos permite palpar la pura realidad. Porque la mayoría de quienes dicen haber sido fieles a sus parejas a lo largo de su vida —y esto lo suelto yo como un canto a la libertad— mienten. El efecto Coolidge confirma que los niveles de dopamina del cuerpo incrementan ante la posibilidad de tener relaciones sexuales con una persona distinta, preparando así a la persona para que esté más activa de lo habitual.

Si realmente alguien ha sido fiel y ha cumplido su juramento ante ese melenas atlético, ha sido porque debe enfrentarse cada día a un entramado —tan material como intangible— que le oprime. En algunas cuestiones, el sentimiento de culpabilidad es relativo: no responde a nuestros principios, sino a unos sentimientos que se han establecido.

IRENE Y LAS CIEN NOCHES

Para descubrir el significado del título de la novela, debemos zambullirnos en la vida de Irene, una joven curiosa que nace en el seno de una familia conservadora y pudiente. La protagonista quiere conocer, explorar y, como ser inteligente, experimenta con el objetivo de descubrir su verdad. Irene nos narra en primera persona su viaje a Chicago, sus aventuras, errores, dudas y conclusiones. Conoce así el resultado de una gran investigación vinculada a más de seis mil personas, sometidas a una vigilancia que traspasa la línea que separa el ámbito público de la intimidad. Sí, este estudio es ilegal, pero nos permite ser testigos de la realidad.

Los capítulos avanzan alternando el punto de vista de Irene y las distintas actuaciones que realizan los detectives, quienes no se limitan a seguir a los investigados por las calles; en la mayoría de ocasiones, consiguen dar respuesta a la gran pregunta: ¿es infiel? Estas partes se nos presentan en cursiva y nos ayudan a distinguir la historia de Irene y los diversos casos, pero creo que afectan a la legibilidad y dificultan la lectura. Además, son algo redundantes y, en consecuencia, lo interesante se convierte en innecesario. No obstante, la novela en su conjunto no pierde el equilibrio y nos mantiene en todo momento expectantes e interesados, por cierto, en un crimen. Irene se ve obligada a descubrir la verdad en relación con un asesinato.

Con todo, Cien noches de Luisgé Martín es una apuesta segura que debe ser objeto de análisis. Asimismo —y haciendo uso de mi descaro—, sentencio que tendría que leerla todo el mundo. Sean libres y no vivan con la duda. Al final de la historia encontrarán una respuesta concisa que simplifica la complejidad de nuestros conflictos.


Roser Ribas

Título: Cien noches
Autor: Luisgé Martín
Editorial: Anagrama
Páginas: 264
Fecha de publicación: noviembre 2020

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