Carolina Pobla: “Todos tenemos luces y sombras”

Carolina Pobla
Carolina Pobla / © Foto cedida por la autora
 
 
Los juguetes de la guerra, editada por Maeva, es la segunda publicación de la escritora Carolina Pobla (Barcelona, 1962). Una novela construida con delicadeza y precisión que gira en torno a la vida de Elsa, un personaje inspirado en su abuela materna  durante la Segunda Guerra Mundial.
 
 
Negra y Mortal: ¿A qué se debe el título Los juguetes de la guerra? ¿Cuál de los valores que analiza en esta novela le parece el más importante? ¿Por qué?
 
Carolina Pobla: Por norma general, los conflictos bélicos suelen ser la consecuencia de decisiones que toman élites al margen de opinión e intereses de la población civil, personas a las que no les queda más remedio que ser peones, importantes pero prescindibles, de ese gran juego. Son juguetes de una guerra en la que si toman alguna decisión, suelen pagarla muy cara.
Y en un momento en que la supervivencia es la única prioridad, en la que conseguir alimento y proteger la vida de seres queridos la máxima preocupación, los valores en los que queremos educar a nuestros hijos suelen quedarse en un segundo plano.
La razón por la que Ilse, que así se llamaba mi abuela, se quiere llevar a los niños de la ciudad, es precisamente porque no quiere renunciar a ellos. Para ella es muy importante que valores como la amistad, la familia, el espíritu de colaboración, el respeto, el sentido de la responsabilidad, continúen siendo el eje de la educación de sus hijos. Cualquiera de ellos no tiene sentido sin los demás. 
 
NyM. ¿Cómo se gestó su libro? Carolina, ¿quiso que la vida de sus familiares quedaran registradas en un libro o se lo solicitaron a usted?
 
C.P. La novela nació como homenaje a mi madre, alemana de nacimiento, a partir de sus recuerdos infantiles que nos contaba cuando éramos pequeños. La familia pasó una época complicada llena de terribles sucesos pero también de anécdotas curiosas que ella, con muy pocos años, vivió más como una aventura que como una pesadilla. Era la quinta de seis hermanos y siempre nos decía que sus hermanos mayores no lo vivieron de la misma manera. Me parecía una buena premisa para empezar a trabajar. Ella ya hace tiempo que falta, pero la mayoría de mis tíos están aún con nosotros, y cuando quise hacerles preguntas sobre sus experiencias, constaté que no tenían buenos recuerdos y que no querían hablar de ellos. Fue entonces cuando decidí documentarme al margen de la familia y crear una historia a partir de lo que ya conocía. Hay mucho de real en la novela, pero también mucha ficción.
 
NyM. No sé si habrá tenido la ocasión de visitar Múnich y Baviera, pero, si es así, ¿sabe si aún existe la mansión que fue ocupada por los militares alemanes y convertida en un hospital?
 
C.P. Conozco Múnich. Parte de mi familia sigue viviendo allí, lo que me ha permitido tener «corresponsales» que me han conseguido información muy valiosa. Pero tengo que confesar que la mansión es una de las grandes ficciones de la novela, aunque estoy segura de que en algún lugar existe. Me inspiré en mi antiguo colegio para darle una identidad creíble. Lo que sí es cierto es que la familia de mi madre (mi abuela, sus seis hijos y dos más que se añadieron durante el conflicto) pasaron el final de la guerra en una cabaña de pastores perdida en medio de la montaña sin comodidad alguna. Pero no porque fuera propiedad de la familia, sino porque fueron evacuados para alejarlos de la ciudad como privilegio al ser viuda de oficial militar.
 
NyM. A pesar de que Los juguetes de la guerra esté inspirada en una historia verídica de su entorno cercano, me han llamado mucho la atención los personajes que ha creado. Los hace tan reales, tan creíbles y tan cercanos, que creo que es uno de los puntos fuertes que hacen que una empiece un libro suyo y lo lea de una sentada. ¿De dónde ha obtenido esa capacidad para idearlos? Y, solo si le apetece contestar, ¿cuál de ellos tiene más de usted?
 
C.P. Es uno de los trabajos más complicados. Cada personaje necesita una personalidad propia acorde a su manera de hacer las cosas, a su forma de reaccionar a los conflictos. Intento que sean lo más reales posible y alejados de los estereotipos. Todos tenemos luces y sombras solo que, a veces, aflora más lo uno que lo otro. Por eso mis malos suelen tener una causa que lo justifique y mis buenos también cometen errores cuyas consecuencias tienen que pagar. Intento darles un carácter bien definido y hacerles actuar en concordancia. Aunque también les permito evolucionar durante la historia, igual que hacemos todos a medida que vamos aprendiendo de la vida.
A mí me encantaría ser como Ramona, pero creo que me parezco mucho más a Margot.
 
NyM. Para los que todavía no conocen su novela, ¿qué destacaría de ella? ¿Por qué el lector debería elegirla?
 
C.P. Me gustaría que se viera como una manera distinta de contar una historia en tiempos de guerra. Existen muchas grandes novelas sobre la segunda guerra mundial en las que se habla desde primera línea de fuego, de los campos de concentración, de la resistencia… Yo quería hacer algo completamente diferente.
Los juguetes de la guerra es una historia ambientada en el ámbito rural, sin tanto bombardeo y penalidades pero también expuesta a la vigilancia de los comisarios de zona, las restricciones y al mismo tiempo a las presiones típicas de una pequeña sociedad de montaña.
Es una novela coral, con protagonistas indiscutibles, pero grandes secundarios que permiten hacer una visión de conjunto amplia.
Al tratar también los primeros años de la posguerra, habla de la llegada de los aliados y de cómo el alemán, como pueblo vencido, tuvo que sufrir las represalias y pagar las consecuencias de un conflicto en el que se vio obligado a tomar partido.
Y de cómo todos tuvieron que adaptarse otra vez a una nueva realidad.
A mí me encantó investigar ese periodo. Es una parte poco explorada de ese momento histórico. Y es apasionante.
 
NyM.  Debido a esta pandemia y todas las repercusiones que, en este caso, ha tenido en el ámbito cultural, ¿cómo ha vivido esta publicación? 
 
C.P. La situación nos ha obligado a todos a reinventarnos. Hemos descubierto las redes sociales, los directos por internet, las entrevistas telefónicas… Posibilidades que para mí suponían una dimensión desconocida. Yo, personalmente, lamento no haber podido disfrutar de una bonita presentación, ni de los dos Sant Jordi programados y desprogramados para este año. Los lectores que hubieran querido tener el ejemplar firmado tendrán que esperar un poco más. Echo de menos ese contacto directo tan ilusionante y enriquecedor.
 
NyM. ¿Cómo afronta el proceso de escritura? ¿Dedica mucho tiempo a la documentación? ¿Encuentra los temas o los temas le encuentran a usted?
 
C.P. No me meto en un proyecto sin saber cómo terminará. Me sirve para tener clara la línea de la historia aunque permito que se añadan personajes inesperados y nuevas tramas que aparecen en alguna noche de insomnio o gracias a algún estimulo sorprendente.
Soy metódica y disciplinada. Y, a veces, demasiado exigente conmigo misma.
La documentación es imprescindible y quizá el trabajo más duro y pesado de todo el proceso. Suelo ver muchos documentales y películas, visito bibliotecas y paseo por las localizaciones, aparte de leer muchísimo. También procuro conseguir entrevistas con expertos y con protagonistas para tener información de primera mano. Además de para saber de lo que hablo, también me sirve para decidir qué es lo que no quiero contar. A veces me paso días buscando una información determinada y después decido no utilizarla o la uso solamente para añadir un dato al final de una frase. Por lo general me ayuda a entrar en un mundo, en una época determinada, para poder hablar desde dentro, casi desde la propia experiencia. Es un proceso extraño.
 
NyM. ¿Desde qué momento supo que se quería dedicar al mundo de la literatura?
 
C.P. La palabra literatura me inspira mucho respeto. Igual que el oficio de escritor. Yo me defino mejor como narradora. He llegado tarde al mundo de las letras, pero sé que tengo muchas cosas que contar y muchas ganas de hacerlo. Una novela me está llevando a la siguiente. Y mientras mi cabeza siga generando historias y tenga la capacidad para contarlas de manera que atraigan a un lector, yo seguiré al pie del cañón.
 
NyM.  En el proceso de escritura de Los juguetes de la guerra, ¿dónde se ha encontrado más cómoda: en las descripciones, en los diálogos, en la narración, en la creación de los personajes…?
 
C.P. El proceso es cómodo e incómodo al mismo tiempo. Cada momento es apasionante en función de la pasión que pones, cansado en función de lo cansado que estés y terrible si lo que cuentas es terrible. Yo me he sentido enamorada cuando uno de los personajes lo está y he reído y llorado con ellos en sus gracias y en sus desgracias. Muchas veces nos hemos sorprendido juntos ante una situación inesperada y hemos pasado noches sin dormir cuando hemos tenido que tomar alguna decisión importante.
Todo el proceso, más que cómodo o incómodo, me parece emocionante.
 
NyM. ¿En este momento está trabajando en una nueva obra? ¿Nos podría avanzar algo del argumento?
 
C.P. Tengo un proyecto en marcha que me está ilusionando mucho. Si hasta ahora me he estado inspirando en las vidas y experiencias de miembros de mi familia, esta vez trabajo solamente desde la ficción. Está resultando muy divertido, pero es un cambio de registro tan radical que prefiero no comentar nada hasta que esté completamente segura.
 
NyM.  ¿Qué libro está leyendo ahora?
 
C.P. Estoy en un momento de asignaturas pendientes. Acabo de terminar La templanza de María Dueñas. Ahora me acompaña Robert van Gulik y su personaje, el juez Di. Son varias novelas de misterio escritas entre los años cincuenta y sesenta, en una interesante recreación de la China de la edad media. Y tengo a Eduardo Mendoza esperándome en la mesilla de noche.
 
NyM. ¿Cuál es su libro y autor preferido?
 
C.P. Cada libro tiene su momento. A veces necesito profundidad y, otras, pura distracción. De vez en cuando un clásico me sienta muy bien: Orgullo y prejuicio, Naná, un buen Dickens… Me enamoré de El clan del oso cavernario y de La sociedad literaria y de pastel de piel de patata de Guernsey cuando los leí. La interminable saga de «Angélica» en la Francia del siglo XVII fue la primera lectura adolescente recomendada por mi madre, gran lectora, por cierto. Azteca de Gary Jennings me impresionó mucho. Pero hay más. Creo que no acabaría.
Soy muy fan de Matilde Asensi y de Almudena grandes.
 
1 Comment
  • Sarah bonamusa
    Publicado a las 11:34h, 10 octubre Responder

    Estoy leyendo este segundo libro de CP
    Me resula muy ameno e interesante
    Es curioso como cada uno puede vivir
    Lo mismo y sentir cosas tan distintas..l
    Una lectura muy gratificante.

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