Buffalo Soldiers – Robert O’Connor

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La capacidad de sorprender en el mundo de la literatura es una cualidad que algunos se han hartado de enterrar. «Ya está todo escrito» es una frase que repiten los más agoreros mientras se relamen pensando que su enciclopédica pedantería lo abarca todo. Hasta que se topan con una editorial como Sajalín y su habilidad para descubrir un one-hit-wonder tras otro. Y el impacto de cada nueva sorpresa es extraordinario, como es el caso de Buffalo Soldiers de Robert O’Connor (New York, 1959), la última publicación de la cada vez más sublime colección Al margen.

Buffalo Soldiers es un ghetto de negratas y un poblacho de white trash juntos –pero no revueltos– en una base militar americana bajo la despistada dirección de un par de estirados oficiales del ejército. Pero no es una novela bélica, a pesar de que todos los protagonistas visten de caqui, ni mucho menos de guerra, ya que la acción se sitúa a finales de los años 80 en Alemania, cuando la guerra fría ya daba sus últimos coletazos. Buffalo Soldiers es la pesadilla americana entre drogas y mala hostia. En grandes cantidades, tanto de lo primero como de lo segundo.

Publicada originalmente en 1993, la novela fue un éxito instantáneo en Estados Unidos y causó un fuerte impacto, tanto por lo descarnado de un relato donde los conflictos raciales no dejan títere con cabeza, como por la banalización de un estamento americanamente sagrado como es el US Army, que no sale demasiado bien parado. De hecho, nada sale bien parado en Buffalo Soldiers más allá de la tremenda capacidad de Robert O’Connor para sacarle una sonrisa cómplice al lector entre tanta podredumbre.

Y es que la historia de Buffalo Soldiers es la de un soldado, el cabo Elwood, que a pesar de dedicarse al lucrativo negocio de la heroína y de tener absolutamente todo lo materialmente imaginable, malvive en una base militar americana en suelo alemán con el imparable deseo de pasar página. Y lo hace entre drogatas –él es uno de ellos– y lo que él denomina los hijoputas y los hijopuetados. Por supuesto, él está convencido de no pertenecer a los últimos mientras cree hacer equilibrismos para tampoco ser de los primeros. Nadie lo diría.

La cuestión de los hijoputas y los hijoputeados vendría a ser algo así como la tesis sobre la que O’Connor pone los cimientos de la novela. El ejército solo es una excusa. La maldad, la bajeza humana y el sálvese quien pueda de un grupo de soldados consumidos por la droga y a los que el ejército les importa algo menos que nada. Y muchos negros sembrando el terror entre los blancos que los ven –los odian– como seres de otro planeta. Un cóctel explosivo, aunque el conflicto perpetuo parezca no llegar a saltar nunca por los aires mientras se mueve por el lado seguro del filo de la navaja, si es que eso existe.

Por eso O’Connor se lo toma con filosofía y mete altas dosis de humor y unos diálogos magistrales que hacen más llevadera una historia que, más allá del surrealismo de algunas situaciones y la lejanía que supone para los europeos esa extraña cultura del militarismo como un lugar adónde van a parar los despojos de la sociedad americana, es dura. Y tétrica. Incluso –o sobre todo– lo que hace referencia a los oficiales. Los codazos por ascender, las envidias y la nulidad de la mayoría. Y lo poco que les importa, en eso es en lo poco que coinciden con los soldados, el ejército como institución.

Sin embargo, ni el ejército ni los uniformes ni la base militar interesa en Buffalo Soldiers, una novela de militares que no tiene nada de bélica. Podría ser la historia de cualquier barrio conflictivo de cualquier ciudad americana, aunque a priori no lo parezca. Por eso es una novela de Sajalín.

 

Marc Moreno

Título: Buffalo Soldiers
Autor: Robert O’Connor
Traducción: Ana Crespo y Diego de los Santos
Editorial: Sajalín
Páginas: 376
Fecha de publicación: abril 2021

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