Balance 2020 de Victoria Velasco

Finaliza el año que lo cambió todo, unos meses extraños y atípicos, y llega el momento de hacer balance —en nuestro caso— lector.

No puedo comenzar este repaso sin resaltar mi colaboración con el equipo de Negra y Mortal cuando se cumple el primer aniversario de mi incorporación a este proyecto, que sigue creciendo gracias al trabajo y al esfuerzo pero, sobre todo, a la ilusión y la pasión de esta gran familia negra. Ha sido una experiencia realmente gratificante y enriquecedora. Nunca me había planteado compartir las reseñas de mis lecturas y ha sido todo un desafío, al mismo tiempo que me ha hecho aproximarme de otra forma a los libros, pasear de manera diferente por sus páginas y profundizar, en muchos casos, en las motivaciones de los autores. También me ha ayudado a mejorar mi memoria de pez sobre los libros que voy leyendo.

No suelo plantearme retos en mis lecturas, simplemente intento disfrutar, continuar con las series que tengo a medias y empezar otras, leer aquellos autores que siempre son un valor seguro para mí, intentar descubrir nuevos, e ir leyendo aquello que se va cruzando en mi camino. Objetivo conseguido en un año realmente satisfactorio desde el punto de vista lector.

Entre las sagas no podían faltar el inigualable Charlie Parker, Bevilacqua y Chamorro, Jaritos con su «Dimitrakos», o el maestro Jo Nesbø con sus «Sicarios de Oslo».

Son muchos los libros que podría recomendar pero, en este mi primer balance, voy a destacar lo que recuerdo de lo vivido, descubierto y aprendido de los más de sesenta libros leídos. Hay mucho para señalar, pero me quedo con los niños de la calle de Mozambique en Comedia Infantil; la maldad con nombre de mujer en los campos de concentración de Auschwitz gracias a Postales del Este; las costumbres de los judíos ortodoxos en Unorthodox. Mi verdadera historia; cómo pudo haber cambiado la historia la muerte —asesinato o suicidio— de la sobrina favorita del Führer, tal como se relata en El ángel de Munich; la existencia de esas mujeres excepcionales que fueron las beguinas, que he conocido gracias a El espejo de las almas; la extraordinaria visión de la movida en Todos estábamos vivos, y tantas otras experiencias vividas.

Me gustaría destacar dos personajes inolvidables: Amerigo, el entrañable niño «partido en dos», que Viola Ardone rescata del olvido con la historia de los trenes de la esperanza en El tren de los niños, y la carismática y exuberante Paciencia Portafuegos en La Madrina. Dos novelas que recomiendo sin reservas.

Y hasta aquí mi balance esperando un mejor año para todos, en el que sigamos disfrutando y compartiendo nuestra pasión lectora.

¡Feliz 2021 y Felices Lecturas!

 

Victoria Velasco

 

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