Balance 2020 de Marta Pérez

Balance 2020 Marta2020 finaliza (al fin) y toca hacer balance de lo que han sido mis lecturas. Un año a nivel personal y social diferente, que nos ha generado dudas, miedos y hastío. Que nos paralizó en marzo y que, a pesar de que los primeros días de confinamiento no encontraba cobijo ni en los libros, poco a poco volvieron a servirme para evadirme de esa realidad que ahora es bien distinta. 

Desde hace tiempo, voy anotando cada título que leo y, a su lado, le doy una nota sobre 10, como en el colegio. Esto tiene un lado bueno, y es que refleja mis impresiones en el momento justo en que finalicé la lectura. Pero me ha pasado muchas veces que cuando semanas o meses después miro la calificación que le he dado, no estoy de acuerdo: un libro que me encantó, puede que con el paso del tiempo se vaya diluyendo en mi memoria, con lo que al final esa valoración va menguando, o me puede pasar todo lo contrario, aquel al que no le he dado una nota muy buena, según se va asentando en mi cabeza, adquiere otro valor y rectifico y le subo unos puntos.

Así pues, os voy a hablar de aquellas lecturas que me parecieron y siguen pareciéndome ahora mismo sobresalientes. Dejo fuera algunos por falta de espacio, pero dentro de los más de 100 libros que he leído no podía quedarme con menos.

Autores nacionales

A diferencia de otros años, en los que entre mis lecturas predominaban los autores extranjeros, en este he dedicado mucho tiempo a leer literatura nacional y debo reconocer que me ha deparado grandes sorpresas.

Uno de los géneros que más he leído es novela negra, y aquí debo destacar a Félix García Hernán con su Cava dos fosas, donde a saltos entre pasado y presente nos cuenta una historia de venganza;  Dócil de Aro Sáinz de la Maza, con su impecable protagonista Milo Marat, y uno de los mejores careos policía/sospechoso que he leído; y, Humo de Adrián Magro de la Torre, que en tan solo unas pocas páginas escribe uno de los relatos más negros que he leído este año.

El thriller es uno de mis géneros favoritos y, dentro de este, El cielo de tus días de Greta Alonso, El mentiroso de Mikel Santiago y El nido de la araña de María Frisa me han dejado literalmente pegada a la silla mientras me zambullía en su trama. A caballo entre la narrativa y el thriller ecologista, La bruma verde de Gonzalo Giner me ha puesto los  pelos de punta con una maravillosa historia.

Emma Lira, con El último árbol del paraíso, me llevó de aventuras con aroma a clavo y Enrique Llamas con Todos estábamos vivos me dejó tocada con su desgarradora historia sobre la Movida Madrileña.

Mención especial debo hacer sobre Benito Pérez Galdós en el año de su centenario y del que he leído dos obras maravillosas y me ha dejado con ganas de más: Doña Perfecta y Electra.

Autores internacionales

En el plano internacional, la variedad de géneros que he tocado es mayor si cabe. No podía faltar en mi lista un habitual desde que tenía 14 años: Stephen King. Este año, con los cuatro relatos cortos que forman La sangre manda, me ha reafirmado en mi opinión de que es y será uno de los grandes.

El año empezaba muy bien para mí a nivel lector con la cuarta entrega de la serie del detective Cormoran Strike, Blanco letal de Robert Galbraith, pseudónimo de J. K. Rowling y con un thriller especial que ha ido sumando puntos en mi cabeza a medida que pasaban los días: El show de las marionetas de M. W. Craven.

Poco después llegó Niklas Natt Och Dag con 1793, libro que no me canso de recomendar y que nos transporta a las cloacas de Estocolmo de una forma magistral.

La retornada de Donatella Di Pietrantonio me dejó huella con la historia de esa niña sin raíces y que no se siente querida. Volví a leer una vez más La dama de blanco de mi querido Wilkie Collins, y sigue pareciéndome la misma maravilla que cuando lo descubrí hace montones de años. Oscar Wilde se encargó de sacarme unas risas con su ácida y sarcástica comedia La importancia de llamarse Ernesto, ¡qué grande eres, Wilde!

En cuanto a fantasía, Darkdawn de Jay Kristoff ponía el broche de oro a la trilogía «Nuncanoche», la historia de Mia Corvere que se ha convertido en una de las mejores protagonistas que he conocido. De la mano de Joe Abercrombie, con Un poco de odio, me zambullía de nuevo en su universo plagado de conspiraciones políticas y violencia. Y por último, La ciudad que nos unió convierte a N. K. Jemisin en uno de mis referentes literarios.

Y este ha sido mi balance, mi resumen, lo más destacable, aunque también me quedo con las experiencias que he vivido en forma de entrevistas a algunos autores que me han enriquecido como persona y como lectora.

Os deseo un año lleno de salud y buenos libros.

 

Marta Pérez

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