Bajo cielos rojos – Karoline Kan

Bajo cielos rojos

Mientras leo la historia de Karoline Kan, doy cabezazos de asentimiento. El libro ‘Bajo cielos rojos’ (RBA) me recuerda mi viaje a China y las experiencias vividas junto a varias mujeres que, sin ser conscientes, le entregaron un trozo de su vida a una muchacha demasiado preguntona y atrevida. La escritora ha tenido el gesto de, sin conocerlas, dedicarles el libro también a ellas.

EL VALOR DE CHIN CHIN

Chin Chin tiene mi edad y, cuando se presenta al grupo de occidentales en el que me encuentro, nos anima a pronunciar su nombre como si hiciéramos sonar las copas de champán por Navidad. Esta joven padece de una enfermedad que detesta: es tremendamente atractiva (aunque se esfuerce en no serlo).

Chin Chin vive a 60 km de Beijing y, cada día que coge el tren, tiene que soportar el madrugón solapada a cientos de chinos que comparten el mismo trayecto. Cuando le falta el aire se pone de puntillas y respira por encima del resto de cabezas que se asfixian igual que ella. Tiene la suerte de ser alta y el convencimiento de que, en más de una ocasión, la han manoseado con desprecio.

Cuando habla con sus padres por teléfono la reprenden porque, en pleno siglo XXI, ha decidido malvivir en la ciudad en vez de casarse con un campesino que la pretendía. Fíjate. Su aspiración es viajar a España, ver un espectáculo de flamenco y poder usar Instagram como cualquier chica de su edad. Las redes sociales están prohibidas en China.

LA SONRISA ETERNA DE LILI – LAURA

Lili baja del autobús que nos lleva a las zonas rurales de Yangzouh y responde a todas las preguntas en voz baja. Su mano tapa el micrófono que lleva encima. La empresa para la que trabaja, como todas las empresas que tratan con extranjeros, está controlada por el gobierno comunista del presidente Xinpin. Con su preciosa melena ondulada, Lili (o Laura, como le gusta que la llamen) cuenta con desparpajo el dinero que su padre tuvo que pagar para que fuera una niña con papeles y no una “persona negra”.

El padre de Lili, capitán del ejército de noséqué, tuvo cuatro hijos y ahorró para pagar un extra por el quinto, que nació mujer y, por tanto, le resultó más caro porque «no serviría para nada«. Cuando en su casa los hermanos mayores discutían con ella, la increpaban acusándola de ser la preferida porque había salido más cara. La sonrisa no se le borra de la cara. Lili está embarazada de su tercer bebé y, con la vida de sus hijos y el sueldo de su marido, desafía al gobierno como ya lo hiciera su padre en su momento.

LA POLÍTICA DEL HIJO ÚNICO Y SUS SECUELAS

Pero el caso de Lili-Laura es la excepción que confirma la regla. Cuando en el año 1983 el índice de natalidad desbordó a la población oriental, el iluminado presidente de turno tuvo la elocuente idea de formalizar la ley del “hijo único”. Con ella implantaba un régimen a las mujeres, obligándolas a controles mensuales humillantes, presionándolas para practicarse el aborto en caso de embarazo y llegando a la esterilización en caso de reincidencia.

El trato que se ejerció sobre la población femenina produjo millones de bajas causadas por infecciones mal curadas y depresiones postoperatorias, sobre todo en las zonas rurales apartadas de la asistencia médica necesaria y obligatoria. La desobediencia u oposición a las leyes fue el camino más rápido por el que el que optaron las más valientes, que desaparecieron de la noche a la mañana sin dejar rastro.

ENCONTRAR EL MOMENTO Y EL LUGAR

La mayoría de las personas que se ofrecieron para interactuar en este viaje tenían una historia que contar. Chin Chin, Lili-Laura, Rita, Martín. La visión de un país cambia cuando conoces a su gente. Sin ellos, sin las lecturas previas y posteriores, sin su predisposición a hacer feliz a la gente que los rodeaba en ese momento, con la alegría de sus rostros a pesar de la pena de sus recuerdos y sin el entorno que nos acompañaba, hubiera sido muy difícil disfrutar del país como lo hice.

Después de leer el texto de Karoline Kan entiendo que la escritora quiera dedicárselo a su pueblo. Con el retrato que hace de tres generaciones de mujeres chinas ha demostrado que, detrás de la potencia mundial por la que se conoce a su país, existe una sociedad marcada por el sufrimiento, la pobreza y la devastación.

LA CARA B

Los avances tecnológicos no son comparables con la demanda de maestros cualificados. El comunismo (con el que se llena la boca el gobierno actual) representa los valores de un capitalismo en alza que ha acaparado los bolsillos de sus dirigentes y que se ha centrado en promover un consumismo despilfarrador inculcando un estilo de vida que está por encima de las posibilidades económicas de su pueblo.

Las mujeres continúan peleando diariamente, en los pueblos y ciudades, solicitando un cambio laboral que deje de explotarlas y unos derechos equitativos iguales a los de los hombres. Sin embargo, para entender algo (incluso un poco) de la vida china, hay que imaginarse viviendo allí, porque es más fácil culpar a los chinos que comprenderlos y más cómodo juzgarlos que conocerlos.

No obstante, y hablo por experiencia propia, la recompensa de descubrir su mundo es tan grande como lo es el riesgo de no intentarlo.

 

Lara Adell

Título original: Under Red Skies: the Life and Times of a Chinese Millenial
Título: Bajo cielos rojos
Autora: Karoline Kan
Traducción: Ana Isabel Sánchez Díez
Editorial: RBA Libros
Páginas: 303
Fecha de publicación: octubre 2019 millennial

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