A propósito de nada – Woody Allen

A propósito de nada

La obra más polémica de Woody Allen (Brooklyn, 1935), A propósito de nada, lo es porque en realidad surge a propósito de un supuesto abuso, una acusación que sin estar probada ha dado la vuelta al mundo. De hecho, se trata de un tema que aun teniendo resoluciones a favor del denunciado, ha permanecido en los medios sensacionalistas y alimenta todavía la furia de los bocachanclas.

Hay mucha desinformación en relación con el cineasta. La publicación de su autobiografía arroja un poco de luz en este mar oscuro ocupado por pseudomaestros. Nos encontramos en una era en la que algunos, por el simple hecho de haber leído un largo artículo repleto de estupideces, ya se creen los dueños de la palabra, del universo y de la verdad absoluta.

Otra cuestión aparte es lo socialmente aceptado, que según en qué casos concretos cada uno es libre de lidiar con ello, criticarlo o convertirse en un desviado. Dada la incuestionable excentricidad del artista, no es de extrañar que haya sido objeto del cansino etiquetado: sociópata, perturbado, alienado o cualquier otro manido calificativo. Pero me parece aún más dramático el tener que introducir la reseña de esta forma. Allen nos ha ayudado a reírnos de nosotros mismos, de nuestros neuroticismos y del vital sinsentido. No lo duden. Por mucho que a él le importe más bien poco, Allen pasará a la historia como un gran actor, director y guionista, al igual que lo hicieron Buster Keaton o Charles Chaplin.

ANTECEDENTES

Para ser objetivos, como sujetos ajenos al proceso y a la vida íntima del escritor, se deben tener en cuenta solo aquellos hechos que pueden probarse. Ahí va mi telegrama: Mia Farrow adoptó a Soon-Yi junto con su marido André Previn. Se divorciaron. La relación entre Allen y Farrow acabó definitivamente en 1992. Soon-Yi y Woody se casaron en 1997 y siguen juntos en la actualidad. Dylan Farrow, la hija adoptiva de Mia y Woody, acusó a Allen de haber abusado de ella justo después de que sus padres se separaran. Las autoridades ya han deliberado varias veces a favor del acusado, tanto en la época mencionada como en la posterior, que surgió con el movimiento Me Too. En todo caso, les quedará mucho más claro si leen este bello fragmento:

“Todavía hay dementes que piensan que yo me casé con mi hija, que Soon-Yi era hija mía, que Mia era mi esposa, que yo adopté a Soon-Yi, que Obama no era estadounidense. Pero jamás tuvo lugar juicio alguno. Jamás fui acusado formalmente de ningún delito, puesto que quedó claro para los investigadores que no había ocurrido nada”.

En definitiva, si ustedes quieren juzgar, estos son los datos con los que realmente pueden sentenciar. Todo lo demás se reduce a ruido, conjeturas, declaraciones, encuadres subjetivos y contenidos varios con los que solo pueden conspirar. Así pues, si bien en mi caso hago uso de las pancartas cuando estoy muy segura de algo, ahora me decanto por apartar ya el tema y escribir sobre la obra que nos ocupa.

A PROPÓSITO DE NADA

El escritor inicia su autobiografía haciendo referencia a un tal Holden, que por supuesto debemos entender que se trata del protagonista de El guardián entre el centeno. De entre todos los maravillosos personajes creados en la literatura, escoge este, aunque para los seguidores del cineasta el paralelismo resulte más que evidente. Tras una simple frase decide proseguir su relato escribiendo sobre la vida de sus padres, antes de que él naciera.

A continuación, entretanto recorre su infancia, Allen se retrata de forma exagerada como un analfabeto, reconociendo que se interesó por la cultura porque quería impresionar a las chicas que le gustaban. No obstante, también indica que en cierta época le hicieron una prueba de CI y, sin concretar el resultado, reconoce que era muy alto. Woody siempre ha detestado el sistema educativo e incluso menciona una serie de obras que nunca ha visto o leído.

“Jamás he visto una representación de Hamlet. Jamás he visto Our Town, en ninguna versión. Jamás he leído el Ulises, ni el Quijote, ni Lolita, ni Trampa 22, ni nada de Virginia Woolf, E.M. Forster o D.H. Lawrence. Nada de las hermanas Brontë ni de Dickens.”

Como era de esperar, el artista expone su relación con el psicoanálisis y las diversas terapias a las que se ha sometido, las cuales, según él, no le han servido de mucho. Su infancia fue feliz, dice, y no sabe por qué desde una edad tan temprana empezó a sentirse tan frustrado y apático. Intuye que fue cuando comenzó a ser consciente de la muerte.

LA IRONÍA

Por supuesto, la obra está llena de chistes, sobre todo en relación con él mismo. Las anécdotas, lo políticamente incorrecto, la ironía y el sarcasmo nos acompañan a lo largo de todo el relato. Y se entienden mucho mejor si conocemos previamente la psicología de Woody.

“El ratón enfermó. Era una emergencia, de modo que Soon-Yi y yo nos vimos obligados a llevar al ratón a la sala de urgencias del hospital en plena noche. La gente entraba y salía con perros y gatos heridos y yo estaba ahí sentado con un ratón asmático. Soon-Yi me ayudó a superarlo, pero no habréis experimentado la vida (…)”

Asimismo, nos cuenta cómo se introdujo en el mundo del espectáculo. Hay mucho de lo que ya sabemos, pero lo interesante, sin duda, no es el contenido sino la forma tan característica que tiene de contarlo. Sí, sí, habla de su relación fatídica con Mia Farrow, e incluye acusaciones para defenderse, y lo cierto es que le otorga mucho espacio. En fin, no sé qué harán ustedes, pero yo siempre recordaré a Woody Allen por su talento, por su Misterioso asesinato en Manhattan, por Si la cosa funciona, su Poderosa Afrodita o por sus Granujas de medio pelo. Lo recordaré por sus innumerables y brillantes historias.


Roser Ribas

Título original: Apropos of Nothing
Título: A propósito de nada
Autor: Woody Allen
Traducción: Eduardo Hojman
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 440
Fecha de publicación: mayo 2020

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